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Piñatas mexicanas para el Niño Jesús cumplen 25 años

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NORWALK. La casa esquinera entre Main Street y Westport Avenue, en la que vive don Faustino Estrada, cumple 25 años de arrullar al Niño cada noche buena, pero también de fabricar y romper en su honor, las siete piñatas con siete “cachos” que simbolizan los siete capitales del mundo. 

Faustino Estrada, en esta residencia, después de celebrar el Dia de Acción de Gracias la tercera semana de noviembre, durante horas y horas trabaja en la confección de siete piñatas que son el regalo que él ofrece al Niño Jesús. Trabajo que lo hace desde su natal 

Tlaxcala-México, desde donde aprendió la tradición de confeccionar las siete piñatas como parte del regalo de cumpleaños que su familia le da al Niño Jesús de generación en generación.

Ofrendas, que pasada la medianoche del 24 de diciembre y luego de arrullar al Niño de Belén, son rotas con un palo de escoba por los infantes, quienes se llevan a sus casas los dulces que se desprenden de las tradicionales piñatas navideñas.

Don Faustino, empezó a confeccionar piñatas en su país natal como parte de las tradiciones familiares mexicanas y que al venirse a los Estados Unidos decidió seguir con el legado de sus padres. “Creo que es bonito regalarle al Niño su piñata. ¿y qué más le puedo dar?”, dice en forma sencilla, mientras mira su obra que para el momento ya las colgó en una cinta a espera que llegue la noche de Navidad y puedan ser colgadas en el patio trasero de su casa para que los niños las disfruten primero viéndolas y luego -a manera de juego-rompiéndolas una a una.

Las piñatas empiezan a tomar forma desde noviembre. El primer paso es desempacar el papel periódico y de colores, las cartulinas y comprar harina para iniciar su trabajo.

Luego, coloca harina con agua en una olla grande para que al son del calor se forme una capa espesa de goma. Diseña sobre las cartulinas los moldes de las piñatas las que deben contar con cuernos que simbolizan los siete capitales de la humanidad. Trabajo que le toma alrededor de tres semanas entre secado de las plantillas y los acabados de cada piñata.

Tras secarse las piñatas durante varias semanas, Don Faustino prepara en papel de colores los adornos y la vestimenta de las esferas (piñatas) que para ese momento adquieren una forma real de lo que en su país se conocen como: “La piñata del Niño Jesús”.

Don Faustino no ha podido desarrollar en forma completa la tradición mexicana debido a que sus paisanos trabajan y los hijos de ellos, apenas entienden lo que es la cultura de las piñatas en torno a la Navidad.

“Me conformo con nombrar a mis vecinos, amigos o familiares Padrino o Madrina del Niño o de la Piñata y eso es suficiente para mí en esta época”, dice, quienes en calidad de padrinos deben, acorde con la tradición mexicana, cargar y arrullar al Niño la Noche de Navidad, luego brindar tamales, posole y ponche de fruta. Para finalmente ayudar a los niños a romper las piñatas.

Este año la “madrina” será Leticia, una señora que por varios años llega a la casa de don Faustino a las diez de la mañana del 24 de diciembre y desde esa hora empieza a cocinar tamales, luego pone el agua y las frutas para el ponche y termina cocinando los romeritos o algún otro plato típico que se sirve en la región de Tlaxcala.

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