Carlos Riveros

La chica que rezaba por mí, por Carlos Riveros

“En el cielo, todos los santos son de mi bando y rezan por mí” Christina Rosenvinge. Lima. 2000. Cuando me dijo “vamos a la iglesia, te hará bien”, pensé: esta chica está loca. Éramos -y, sospecho, somos- totalmente diferentes. El día que me invitó a su iglesia, yo tenía una semana cumplida en depresión. No

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Enrique Vila-Matas: ‘Quiero seguir divirtiéndome’

La literatura es cuestión de calidad: estilo, inteligencia, ambición, artesanía, riesgo. Pero el reconocimiento es cuestión de cantidad: lectores, bibliografía crítica, traducciones, premios. Traducido a treinta y seis idiomas; galardonado con el Rómulo Gallegos, el premio de la FIL o el Médicis-Étranger; objeto de estudio en tesis doctorales o en volúmenes como Vila-Matas portátil, este

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Ese loco lugar que llaman cocina, por Carlos Riveros

El lugar donde trabajo es un restaurante pero podría ser un manicomio. Si el restaurante es un manicomio, la cocina es el pabellón de enfermos mentales más graves y peligrosos. Y si todos los cocineros están locos y se van a los pocos meses, debo deducir que yo, que llevo más de un año ahí

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¿Dónde estás, corazón?, por Carlos Riveros

Te busco y te busco y te vuelvo a buscar. Como un adicto necesitado, como un sátiro insatisfecho. Como un niño indefenso en plena calleja oscura y solitaria buscaría a su vieja, a su perro, a alguien conocido. Te busco porque te me escapas cuando más te necesito, o sea siempre, a diario. Porque si

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La historia de Juanito Sintierra, por Carlos Riveros

A Juanito lo conocí en la fábrica donde entré a trabajar no bien pisé Estados Unidos. De unos veinticuatro o veinticinco años, callado, mal vestido y con una larga barba descuidada, tenía por costumbre, al igual que yo, no ir a la cafetería en la hora del break sino buscar un lugar tranquilo y ponerse

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La senda del perdedor, por Carlos Riveros

“Una vez que una mujer te da la espalda, olvídala te aman y de repente algo se da la vuelta. Te pueden ver muriéndote en una cuneta, atropellado por un coche y pasarán a tu lado escupiéndote.” Charles Bukowski – Mujeres Trabajo doce horas levantando cajas y suelo llegar a casa a medianoche. Fumo un

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