El testimonio del Dr. Juan Carlos Arellano, al ser una figura pública, sin pretender serlo; combina la cirugía estética de alto nivel, sin perder de vista su propósito de vida; dedicada a la Misión Guadalupana; orientada a inspirar que todos sin excepción, tienen un don y una misión que cumplir ahora.
El Dr. Arellano, tiene un doble perfil que amalgama como buen maridaje: “Ser el profesional, cirujano que está detrás de CLV Clinic, con sede en el WTC en Ciudad de México con sucursal en Cancún”, que a la vez tiene una misma conexión, se define, con el hombre de fe, con una intensa misión Guadalupana.
Se le asocia como un profesional que tiene el virtuosismo de combinar el Top Model Look, para perfeccionar los rasgos faciales, como el uso del Ácido hialurónico, la armonización facial y la aplicación de la toxina botulínica, los fillers, es decir, lo habitual en estética avanzada y atiende a figuras afamadas de diferentes medios, entre ellos, figuras del espectáculo, sin perder su esencia, su misión guadalupana, la cual describe como la más importante de su vida.
Y esa faceta espiritual de la Misión Guadalupana, es absolutamente central para el Dr. Arellano. Totalmente.
Su misión es llevar una réplica de la imagen de la Virgen de Guadalupe a distintas iglesias del mundo; surgidas de experiencias muy personales. Este propósito de vida, surgió al escuchar el Ave María en su cumpleaños 25 ante el sagrario. Hecho que fue clave, para interpretar esa señal divina para ejercer esa misión como tarea, que es el motor de su vida y anima cuanto realiza.
Es una llamada a la acción, pero también a la contemplación del Corazón de Cristo, por Jesús a María; encuentra en el nombre del discípulo amado quien recostó su oído en el Corazón del Divino Maestro, de quien recibió la encomienda de adoptar a María como su Madre al pie de la Cruz; es el origen de ese llamado lo que lo impulsa a llevar a la Guadalupana a distintos confines del orbe.
Y esta vinculación de fe; la traslada a su trabajo diario como cirujano, y afirma que en sus 27 años de cirujano, no siente haber realizado las operaciones quirúrgicas; sino que se ve a sí mismo como un instrumento del Señor. Explícitamente se encomienda a Dios, antes de cada intervención de la práctica médica.
Cita la oración de San Francisco: “Señor, hazme un instrumento de tu Paz”, como una guía. Y parece que la frase: “Jesús en ti confió”; es un pilar para él. Una expresión constante; de dependencia en su vida y profesión; configura no solamente su pensamiento; sino que, fundamentalmente es una guía que lo inspira a la acción. Hacer de su práctica profesional, una vocación de servicio.
Esta personalidad de una figura pública; suscita una reflexión interesante, que se desprende tanto de su personalidad; cómo de sus convicciones personales – espirituales tan profundas y son una lección para los laicos comprometidos por el “Bien Común”. Cómo pueden integrarse y amalgamarse, una trayectoria profesional exitosa e impulsar una carrera tan compleja como la medicina y la estética, así como visible es la cirugía de embellecimiento facial; para hacer de una profesión, una vocación de servicio, en un sentido amplio; y esta pueda llegar a definir, la identidad profesional de una persona.