Indignación tras asesinato de jesuitas en norte de México

Una feligrés se lamenta frente a las imágenes de los sacerdotes jesuitas Javier Campos Morales y Joaquín César Mora Salazar durante una misa el martes 21 de junio de 2022, en la Ciudad de México. (AP Foto/Fernando Llano)

CIUDAD DE MÉXICO (AP) — La tristeza y la indignación recorrían el miércoles las montañas y profundos cañones de la sierra Tarahumara, en el noroeste de México, mientras las autoridades investigan el asesinato de dos sacerdotes jesuitas y un guía turístico en una iglesia de una zona indígena de alta pobreza y marginación ocupada desde hace años por el crimen organizado.

Javier Campos, también conocido como “El Gallo”, de 79 años, llevaba medio siglo en la misión jesuita de esa sierra que en los años 70, cuando no había carreteras, recorría en una moto. Joaquín Mora, un año mayor, lo acompañaba desde hacía más de dos décadas.

Ambos estaban totalmente integrados entre los indígenas tarahumaras (o rarámuris), haciendo labor social, defendiendo su cultura y promoviendo los servicios básicos y la educación.

Eran “figuras de autoridad moral, personas que generaban equilibrios en la comunidad”, dijo el martes por la noche el también jesuita Jorge Atilano durante una misa en la capital del país.

“Eran respetados, su palabra era tomada en cuenta”, subrayó.

Sin embargo, esos equilibrios que durante mucho tiempo lograron que la violencia no les tocara en forma directa se rompieron el lunes cuando al intentar socorrer a un guía turístico que llegó a la iglesia de la comunidad de Cerocahui huyendo de un sujeto armado, tanto el laico -cuya identidad no se dio a conocer- como los dos religiosos fueron asesinados.

El presidente Andrés Manuel López Obrador dijo el miércoles en su conferencia matutina que ya ha sido identificado al presunto responsable de los asesinatos. Sin mencionar su nombre afirmó que el supuesto agresor tiene una orden de detención pendiente desde 2018 por el asesinato de un turista estadounidense.

Los sacerdotes asesinados lo conocían porque era un líder criminal local, había dicho el martes otro los jesuitas con casi cinco décadas en la sierra, Javier Ávila, más conocido como “Pato”. En una entrevista a una radio local que él ayudó a fundar, comentó que el agresor era una persona que estaba “fuera de sí, alcoholizado”.

Los religiosos intentaron calmarlo, no lo lograron. Primero mató al laico, luego a uno de los sacerdotes que acudió en su ayuda y después al tercero. Lanzó los cuerpos a una camioneta y se los llevó pese a las súplicas de un tercer sacerdote que sobrevivió y contó lo sucedido.

Las autoridades buscan los cadáveres y también a otras tres personas que fueron raptadas el lunes en el mismo pueblo y siguen desaparecidas. Los atacantes se llevaron también a una menor pero, según López Obrador, la niña ya fue liberada.

El máximo representante de los jesuitas en México, Luis Gerardo Moro, dijo en la ceremonia en la Ciudad de México el martes por la noche que el crimen supone “un punto de quiebre y de no retorno en el camino y misión de la Compañía (de Jesús) en México”, que seguirá denunciando el olvido y la violencia que persisten en esa zona y no callará ante las injusticias.

La orden pidió proteger a religiosos, laicos y vecinos de Cerocahui, un pueblo de unos 1.000 habitantes aparentemente tranquilo que recibe a algunos turistas amantes de la naturaleza, pero donde todo se mueve bajo la atenta vigilancia de gente armada.

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