A veces, cuando una ciudad está en apuros, tiene que tomar medidas drásticas. Pongamos, por ejemplo, un municipio del sur de Connecticut que ha caído en tiempos difíciles. El año pasado, el ayuntamiento se vio forzado a demoler 87 viviendas. Por desgracia, las autoridades solo fueron capaces de construir 70 viviendas nuevas para sus residentes más necesitados, empeorando la crisis.
O… quizá no. El municipio del sur de Connecticut que hizo esto fue Greenwich, por algunos indicadores uno de los más prósperos y ricos de todo el país.
Greenwich no solo es increíblemente caro —porque hay mucha gente que quiere vivir allí—, sino que tiene cuatro estaciones de tren con servicio directo a Manhattan. Tal vez el hecho de que una de esas estaciones esté justo al lado de un campo de golf sea una buena pista de hasta qué punto se toman en serio esto de construir vivienda.
Estos datos provienen de las estadísticas publicadas la semana pasada por el Departamento de Desarrollo Económico y Comunitario de Connecticut, que ofrece una panorámica reveladora de nuestros problemas de vivienda. El año pasado, en todo el estado, se autorizó la construcción de 6.840 viviendas. La gran mayoría se concentró en unas pocas ciudades: New Haven, Bridgeport, Hartford, Norwalk y Farmington encabezan la lista. Entre las cinco, suman casi un tercio de los permisos de vivienda nueva en Connecticut el año pasado.
En un número abrumador de lugares apenas se construyó nada. Durante los tres últimos años, de media (para compensar el impacto de proyectos grandes), Greenwich apenas ha autorizado 91 viviendas al año (y ha demolido 69), Darien 57, Bristol 42 y Avon 33. Todos ellos son municipios ricos, con un mercado inmobiliario carísimo (insisto de nuevo: con mucha demanda) y, aun así, se han esforzado todo lo posible en no construir absolutamente nada. Poco importa si unas cuantas ciudades están construyendo a buen ritmo, si muchos de nuestros pueblos más ricos se niegan a hacer nada.
Esta negativa total y absoluta a construir nada es relativamente reciente. Entre 1990 y 2007, Connecticut construyó una media de 9.428 viviendas al año. La Gran Recesión hundió el mercado inmobiliario y redujo los permisos de obra a mínimos históricos: en 2011, solo se autorizaron 3.173 viviendas en todo el estado.
El problema es que el ritmo de construcción nunca se recuperó. Entre 2014 y 2024, promediamos 5.894 viviendas al año. Tras un breve repunte postpandemia, en 2024 se emitieron menos permisos de obra que en 2023. En consecuencia, llevamos una década con un déficit de 4.000 viviendas anuales. No es de extrañar que los precios sigan subiendo.
Las razones no son ningún misterio. Miremos Hartford, una de las ciudades que más ha construido estos años. A lo largo de la última década, el ayuntamiento ha aprobado varias reformas ambiciosas a su restrictivo código urbanístico. Hartford pasó de construir unas pocas decenas de viviendas en un buen año a 468 el año pasado—y el ritmo no afloja. Norwalk, New Haven y Stamford han dado la bienvenida a nuevos proyectos en lugar de levantar trabas burocráticas.
El resultado ha sido bueno para estas ciudades. New Haven, por ejemplo, tiene hoy un tipo impositivo (mill rate) más bajo que el de algunos de sus suburbios que se han negado a acoger nueva vivienda. Hamden promedió 26 viviendas al año en los últimos tres años; West Haven, 19. Ambas han visto cómo su base fiscal y población se estancaban, mientras que New Haven se mueve en dirección contraria.
El problema es que este es un estado con 169 municipios. Tener a media docena de municipios construyendo no basta. Los precios seguirán subiendo, las familias de clase media seguirán marchándose porque no podrán permitirse vivir aquí, y el crecimiento económico seguirá estancado porque las empresas no encontrarán trabajadores para poder expandirse.
Necesitamos que nuestras ciudades sigan creciendo, sin duda. Hartford, con enormes parcelas vacías y aparcamientos en superficie, tiene un margen para crecer enorme, igual que Bridgeport, Waterbury o New Haven. Hasta que todos los pueblos de Connecticut trabajen juntos para afrontar el problema y se pongan de verdad a construir nueva vivienda, sin embargo, seguiremos con viviendas caras y una economía estancada.