September 27, 2022 3:45 am

New Haven y los trenes inútiles

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Hace unos días el departamento de transportes de Connecticut anunció la puesta en servicio de trenes eléctricos en la línea Shoreline East (SLE). La línea da servicio a las comunidades en la costa al este de New Haven, desde Branford a New London, una región con más de 150.000 habitantes. Es una infraestructura moderna y bien equipada, con vía doble electrificada y trenes circulando a noventa millas por hora.

El problema es que no la utiliza casi nadie.

Incluso antes de la pandemia, allá por el 2019, los trenes de SLE sólo transportaron 660,000 viajeros; sobre los 2,000 en días laborables. La falta de tráfico hizo que la línea necesite una subvención considerable para poder funcionar, del orden de los 35 millones de dólares anuales. Aunque las cifras deberían mejorar con los nuevos trenes, ya que el material eléctrico es mucho más barato de mantener y operar, las cifras de viajeros post-COVID siguen estando muy por debajo de lo que teníamos pre- pandemia, así que el agujero financiero seguirá siendo considerable.

Por supuesto, es perfectamente normal y necesario que el transporte público esté subvencionado; bien que pagamos las carreteras de nuestros impuestos. Sólo lo que costó el puente sobre el puerto en New Haven (el Q Bridge) basta para cubrir 60 años de operaciones de SLE. Aun así, una línea que da servicio a una zona tan rica y poblada en cualquier otro país llevaría muchos más viajeros de los que SLE lleva ahora. Quizás sea cuestión de mirar a otros lugares para ver qué estamos haciendo mal.

Lo primero, y más simple, son los horarios. SLE ofrece un mal servicio, con pocos trenes y horarios muy irregulares que hace que sólo sean prácticos para quien trabaja de nueve a cinco en New Haven, pero poco más. Poner circulaciones con intervalos regulares a lo largo de todo el día (un tren a la hora) haría la línea mucho más útil y atractiva.

Segundo, y más importante, es hacer que el tren sea práctico. Lo ideal, cuando usas transporte público, es poder olvidarte del coche; ir andando a la estación, subirte al tren, bajar, e ir andando a tu destino. Connecticut, sin embargo, tiene la mala costumbre de construir estaciones de tren en medio de ninguna parte que no son útiles para casi nadie. Un viaje en SLE basta para percatarse que, a excepción de New London, las estaciones están rodeadas de árboles, casitas unifamiliares, y (con suerte) un aparcamiento al aire libre medio vacío. No hay nadie, o casi nadie, que viva cerca de la estación, y en el algún caso, es incluso difícil llegar a pie hasta ellas, rodeadas como están de calles sin aceras o nada alrededor. Es muy complicado animar a que nadie utilice el tren en estos casos.

La buena noticia es que arreglar estos dos problemas es sencillo y no cuesta apenas dinero. Operar trenes con mejores horarios sólo exige reorganizar el servicio. Construir más viviendas, oficinas, y lugares a los que se puede ir andando cerca de las estaciones simplemente requiere eliminar las prohibiciones existentes en todas estas comunidades que hacen que no sea posible construir más viviendas.

Porque en realidad, este el problema: los municipios ricos de la costa no quieren permitir que nadie construya vivienda, especialmente vivienda asequible. La clase de barrio que permite que la gente viva cerca de la estación es un barrio denso, con edificios de varias plantas con apartamentos. La construcción multifamiliar en altura es más barata que las casas unifamiliares, porque puedes poner más viviendas en la misma cantidad de terreno. Y si algo no quieren estas comunidades al este de la ciudad es que alguien sin demasiado dinero (o, ya sabéis, esa clase de gente que habla con acento) se mude a ellas y envíe sus niños a sus escuelas.

Así nos quedamos, entonces, con una línea medio vacía. Tenemos una infraestructura estupenda, utilísima, tremendamente infrautilizada, en gran parte porque un puñado de pueblos se niegan a dejar que alguien pueda utilizarla. Es muy típico de Connecticut esto de excluir a los pobres de tu municipio rico. El problema no son los trenes. El problema de fondo es, como casi siempre en este estado, la vivienda.

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