La discusión de la reforma electoral en San Lázaro ha dejado de ser un debate sobre la eficiencia presupuestaria para convertirse en un examen de coherencia política. En este escenario, el coordinador de la bancada del PAN, Elías Lixa Abimerhi, ha puesto el dedo en la llaga de una de las contradicciones más flagrantes de Morena: la denostación pública de la representación proporcional mientras, en privado, la utilizan como la moneda de cambio predilecta para mantener la paz interna de su movimiento.
El “Premio de Consolación”
Lixa fue incisivo al recordar que, mientras el discurso oficial califica a los legisladores “plurinominales” como una carga burocrática innecesaria y poco democrática, en la práctica, Morena utilizó esas mismas posiciones como “premios de consolación” tras su proceso interno de 2024. Resulta paradójico que se pretenda eliminar una figura que sirvió para dar cobijo y salida política a quienes no alcanzaron la candidatura presidencial o las gubernaturas, evidenciando que para el oficialismo la representación proporcional es un vicio si es para la oposición, pero una herramienta de control político si es para ellos.
Las Omisiones Deliberadas
Más allá de la retórica, la crítica de Lixa desnudó los puntos ciegos —presuntamente intencionales— del dictamen. Resulta alarmante que una reforma que se jacta de ser “integral” no toque los mecanismos que hoy asfixian la equidad en las urnas:
- La Sobrerrepresentación: Se mantiene el esquema que permite a las mayorías artificiales aplastar la voluntad ciudadana expresada en votos reales.
- El Transfuguismo y la Transferencia de Curules: Prácticas que burlan al elector al permitir que un diputado electo bajo una sigla termine operando para otra por conveniencia de la cúpula.
- El Crimen Organizado: Quizás el punto más grave. Elías Lixa fue tajante al señalar que no puede haber reforma electoral en un México que viene de la elección más violenta de su historia sin abordar la infiltración del narco. Ignorar este factor no es un descuido; es, en palabras del legislador, una capitulación ante quienes imponen candidatos por la fuerza o el dinero sucio.
Conclusión
El discurso de Elías Lixa no solo defendió una figura constitucional que garantiza la pluralidad, sino que exhibió la simulación de un grupo en el poder que busca cambiar las reglas del juego para perpetuarse, sin estar dispuesto a corregir los vicios que le benefician. Si la reforma realmente buscara “limpiar” la democracia, empezaría por blindar las casillas de la violencia y por respetar la proporcionalidad pura, no por usar la Constitución como un garrote contra las minorías mientras se reparten “pluris” para evitar fracturas internas.