CONSULTA
Tía Julia:
Tía, me atrevo a escribirle deseándole un Feliz Dia de Reyes aunque en los DD, además de cobrar más caro debido a la inflación del Sr. Trump, no tocan aguinaldos ni seis chorreaos. La canción Feliz Navidad que la canta este genial José Feliciano fue lo único que salvaba el ambiente.
Nunca en mis 32 años de vida me imaginé que debería distraer su gentil atención con mis cosas privadas, pero ya ve, el destino tiene más encrucijadas que un gas en el intestino delgado de la anaconda, como decía Indiana Jones en su película nominada, “Una caída más y no me paro.”
La cosa es tía que me casé con mi presente esposo hace quince años y al comienzo éramos nada más que él, yo y nuestros gemelitos. Galo, mi esposo es hijo único (y adoptado), y decidió ayudarles a sus padres adoptivos a instalarse más cerca de nosotros, en un pueblito al sur de Tampa. Así, los visitábamos y ellos venían a Connecticut a acompañarnos para las navidades y estábamos todos más contentos y felices con la promesa de Trump, que no se cumple, de enviarnos de obsequio un cheque de $2,000 billetes. Este tipo es más falso que anillo de oro de gitano.
Poco a poco a mis suegros se les fue arrugando la cara como una camisa planchada sobre un canasto y sus espinas dorsales antes erectas se doblaron debido a la fuerza de gravedad.
Mi suegro feneció y mi suegrita Doña Emeteria no quiso quedarse sola en la casa ya que les teme a los muertos, aunque yo le decía que a los que hay que tenerles miedo son a los vivos y a los políticos pillos como Donald Trump, el Pete Eghseth, al Mosko Musk, el pelao Miller 2025 y a los billonarios. De este modo, nos forzó en cierta manera, a mal vender la casita, y se trasladó a un apartamentito chiquito, pero cumplidor. No, no tenía novio porque como usted, ya tiene arruguitas.
Galo y un hermano Temístocles tuvieron que hacer la mudanza de las cosas de mis suegros al sótano de nuestro hogar que dejó entonces de ser un centro de diversión con un bar y una mesa de billar, otra de ping pon y se transformó en una vulgar bodega. Ya Galo que sobrepasaba las cuarenta pepas, comenzó a tener problemas en la espalda y los hombros con la chavada mudanza.
Para hacer la historia más breve, hace dos años se murió mi suegra después de sobrevivir a mi suegro por casi diez años y entonces Galo tuvo que hacer otra mudanza de las cosas de la mamá a nuestro sótano que ya estaba lleno de cachivaches y álbumes de fotos que a mí ni a los historiadores ni dibujantes calvos interesan.
Le dije a Galo que regaláramos todas esas cosas, pero mi sugerencia fue como si se hubiese comido un ají marca “Cordobeses,” de esos que pican dos veces, y me dijo que yo no era sensible al cariño que le tiene a sus padres quienes cuando era chiquitos le cuidaban, le decían querubín y todas esas sandeces de nenes alcahueteados.
Hemos tenido varias discusiones fuertes con respecto al tema y yo le he tratado de explicar que de los muertos una guarda algunas cositas, pero no la ropa, zapatos ni los muebles; pero mi esposo es más terco que un burro obsesivo, me ha dicho nones y que jamás se separará de los bienes de sus ancestros. ¿Qué me dice usted que ya debe tener nietos?
Galo se va algunas noches al sótano y esta allí horas mirando la bodega y suspirando. Mis gemelos están enfogonados porque no pueden jugar billar.
Tía, a estoy cansada de tanta chavienda, ¿qué puedo hacer?
Rajina Busto de Cuevas
RESPUESTA
Rajina:
Túmbame ya la jodiendita esa de que yo me estoy avejentando con rapidez y ahora mismo te digo que eres una mujer nefasta, aciaga y palabrera. En tu texto te burlas mujer vacua, fútil y nimia de los adultos mayores y eso no debiera ser así ya que todos vamos para allá y la tez lozana, exuberante y plena de la que hablaba el poeta uruguayo Quitrín Macollo en su libro de versos ancestrales “Oda Llorente Para Mi Jeva,” no pasa de ser sino el recuerdo de una rosa desorientada mustia por el frío,” ¿cómo la ves?
Lo que sucede es que hay seres humanos más sentimentales que otros y para darte un ejemplo están aquellos que guardan todas las tarjetas de saludos de cumpleaños y de navidades, de acción de gracias, tiquetes del tren y muchas fotos en cajas de cartón y plástico que llenan espacio vital en nuestro entorno limitado.
Hay otros ¡Oh, Dios! que han guardado todos sus textos escolares, y aquellos que archivan las cartas que compartían con un exnovio las cuales si la ven los esposos son una fuente de problemas que necesitan explicaciones. ¿Viste?
Otras como tú o yo, hacemos “limpiezas intensas” cada seis meses y nos deshacemos ipso facto de todo aquello que no hayamos usado, incluido textos como el tuyo los cuales hago desaparecer como por magia de la computadora sin sentimientos de culpa ni lagrimones ácidos.
Yo te sugiero que inicies una campaña psicológica más cuidadosa para convencer a tu cónyuge de que se deshaga de las cosas que ocupan espacio vital en el sótano que debiera servirles a ustedes y a tus gemelos.
La necesidad de recreación en los fríos meses de invierno, esto de la nieve y la llegada de otra era glacial, afecta la necesidad de distracción de vuestros gemelos para que no se depriman, es un argumento importante por estos de la salud mental en las escuelas y quizás podrías usarlo para que el hombre se convenza.
Como te digo, tu esposo es sentimental, y te culparía para siempre de quitarle los recuerdos imperecederos de sus progenitores, aunque ahora por los anuncios de lluvias contundentes y destructivas, explícale con calma que puede haber inundaciones y las cosas se chavarán igual.
Te deseo mucha suerte, y lo más importante, cuídate de las rabietas o discusiones airadas acerca de este tema tan crucial y espinudo y busca como aliados a tus gemelos para que hablen con papá.
Les deseo un próspero Año Nuevo 2026 con la aureola de la paz.
Tu tía Julia