BRIDGEPORT.- La Oficina de Ministerios Hispanos de la Diócesis de Bridgeport está dictando durante cuatro lunes consecutivos un programa de formación para miembros de las parroquias hispanas que se dedican a servir voluntariamente como “Ministros Extraordinarios de la Sagrada Comunión”, donde recibieron formación espiritual, litúrgica y practica para ejercer con reverencia, humildad y fidelidad; normas y principios de la Iglesia Católica y como manda la Diócesis de Bridgeport.
La capacitación, conforme con el Diácono Eduardo Carrillo, instructor del curso, recordó “que el Ministerio Extraordinario de la Sagrada Comunión es, ante todo, un servicio de amor a Jesús y a su pueblo y quienes reciben este llamado por discernimiento actúan como servidores que colaboran para que la Eucaristía sea distribuida de manera digna, ordenada y reverente.
“La Comunión brota del sacrificio de Cristo que se hace presente en la Santa Misa. El ministro extraordinario no actúa como dueño del Sacramento, sino como un servidor de un misterio que pertenece a la Iglesia”, fue uno de los mensajes centrales compartidos durante la formación que recalcó Carrillo.
Durante las sesiones se destacó que el ministro extraordinario debe vivir este servicio desde la oración y la humildad. Su misión no es buscar reconocimiento, sino ayudar a que cada fiel pueda encontrarse con Cristo en la Eucaristía.
Recordando las palabras de San Juan Bautista: “Es necesario que Él crezca y que yo disminuya”, Carrillo explicó: “El ministro extraordinario no aparece para destacar y sobresalir; aparece para servir” y recordó que nadie se designa a sí mismo para este ministerio, sino que la Iglesia establece un proceso de discernimiento y unos requisitos específicos antes de otorgar este servicio pastoral.
Entre los requisitos se encuentran ser católico practicante, haber recibido los sacramentos de iniciación cristiana —Bautismo, Confirmación y Eucaristía—, mantener una vida coherente con la fe, tener buena reputación moral y cumplir con la formación requerida por la Diócesis, incluyendo el programa de Ambientes Seguros (curso Virtuos). “El deseo de ayudar es importante, pero en la Iglesia no basta solamente con querer servir. Existe un llamado y una idoneidad que deben ser discernidos”, señaló Carrillo.
Por eso, en forma sencilla, Maury Puello, colombiana, sirviendo 15 años en la parroquia de Saint Peter en Bridgeport, opinó que los ministros extraordinarios de la comunión, aprendieron que el servicio del ministro comienza antes de acercarse al altar. “La preparación incluye la oración personal, llegar con anticipación, revisar la asignación de servicio, comunicarse con el coordinador y conocer si distribuirán el Cuerpo de Cristo o el cáliz”, repuso.
La formación enfatizó también la importancia de la presentación personal como signo de respeto hacia la Eucaristía. Los ministros deben vestir de manera limpia, modesta y apropiada, evitando cualquier elemento que pueda distraer de la solemnidad de la celebración y la importancia de la la purificación (limpieza) de las manos como un gesto de reverencia antes y después de ejercer el ministerio.
“La pregunta no es solamente cómo hacemos una tarea, sino cómo nos presentamos ante el Señor. Servimos un misterio que no comprendemos completamente, pero que recibimos con fe”, compartió durante la capacitación Carrillo a manera de reflexión.
Lo que dio paso a que Carolina Maldonado, nativa de Guatemala, con 15 años de ejercer como ministro extraordinario de Eucaristía, en la parroquia Saint George, contara cómo un niño -sin hacer aun si Primera Comunión- comulgó y como creyó que era una galleta sin sabor, la botó al piso y la pisoteó; ella, llena de dolor y tristeza, antes de proceder a purificar el lugar donde cayó el Cuerpo de Cristo, reprendió a los padres y el sacerdote celebró, posteriormente, una Misa de Reparación por la ofensa.
Otro de los aspectos tratados durante el curso, fue sobre cómo los ministros deben respetar las fórmulas establecidas por la Iglesia. Al entregar la Hostia consagrada limitándose a decir únicamente: “El Cuerpo de Cristo”, y al ofrecer el cáliz: “La Sangre de Cristo” y la respuesta del fiel que recibe la Comunión debe ser: “Amén”, como expresión de fe y aceptación del don recibido. Basado en un orden propio que debe respetarse, evitando añadir palabras, explicaciones o gestos personales que puedan alterar el rito.
Durante la formación se recordó que la Sagrada Comunión no es simplemente un momento dentro de la Misa, sino la culminación del sacrificio eucarístico. “La Misa comienza desde el primer canto de entrada hasta el último canto de despedida. Todo forma parte de la celebración”, explicó Carrillo, quien destacó que los ministros extraordinarios deben recibir primero su Comunión para luego ellos servir a Cristo en los demás. “No damos lo que no hemos recibido. ¿Cómo podemos entregar a Cristo si nosotros mismos no lo hemos recibido con fe?”, fue una de las reflexiones compartidas. El ministerio incluye también la posibilidad de acompañar a los enfermos y llevarles la Sagrada Comunión cuando reciben la autorización correspondiente.
Ignacio Andrade, de la parroquia Saint George en Bridgeport, originario de México y miembro de su comunidad parroquial por más de 20 años; hizo varias preguntas a Carrillo en torno a cómo se puede entender la consistencia pastoral con el rito y la espiritualidad que debe reinar durante la celebración de la misa para llegar a la Eucaristía con fe.
Mientras que Mildred Vela, originaria de Guatemala, perteneciente a la parroquia Saint Peter de Bridgeport, quien lleva 29 años viviendo en Estados Unidos y 13 años sirviendo como ministro extraordinario de la Sagrada Comunión; habló de la necesidad de usar las palabras correctamente. Por ejemplo, dijo: “No se debe decir limpiar sino purificar y es importante esta diferencia porque se habla desde un mundo de la espiritualidad y de la conexión con Cristo”. Además, de usar la palabra “ministro en masculino aun cuando sea una mujer”.
El ministro extraordinario de la Sagrada Comunión está llamado a ser un instrumento de unidad, fe y amor, ayudando a que cada persona que recibe la Eucaristía pueda acercarse a Cristo con reverencia, responder con fe y regresar a su vida diaria fortalecido por la gracia de Dios. A esta reflexión, Sandra Torres, de la iglesia de Saint Ann, voluntaria del ministerio de la Eucaristía solo hace dos semanas, narró que después de vivir una separación tuvo una revelación que jamás hubiera creído que su vida se iba a transformar en tanto poco tiempo y decidió volcarse a ese llamado y hoy está aprendiendo todo lo relacionado con su ministerio Eucarístico y como mejorar sus destrezas de oración dentro del grupo Sagrado Corazón Inmaculado de María en su parroquia.