Después de una noche de celebración con alcohol, el día siguiente suele venir acompañado de resaca. Ese dolor de cabeza y malestar general nos hace recurrir rápidamente a un analgésico para aliviar los síntomas. Tomar una pastilla parece la solución más sencilla, pero no siempre es la más segura, especialmente cuando el organismo aún arrastra los efectos del consumo de alcohol.
Sobre esta práctica tan habitual ha alertado el cardiólogo Aurelio Rojas, quien ha explicado que existen tres medicamentos muy comunes que conviene usar con especial precaución tras una jornada de excesos. Su advertencia no busca alarmar, sino evitar errores que pueden acabar generando problemas de salud más serios.
Ibuprofeno
El primero de los fármacos que menciona es el ibuprofeno, uno de los más utilizados para combatir el dolor de cabeza asociado a la resaca. Sobre este antiinflamatorio, el especialista señala: “El ibuprofeno es un antiinflamatorio potente que, mezclado con el alcohol y la deshidratación de la comida copiosa del día previo, altera la barrera de protección de nuestro estómago, fuerza nuestros riñones, altera la coagulación de la sangre y puede subir la tensión. Corazón en problemas”. Por ello, recomienda limitar la dosis a 400 miligramos y aumentar la ingesta de agua.
Paracetamol
El segundo medicamento que más se toma para acabar con la resaca es el paracetamol. Según Aurelio Rojas, “mucha gente cree que es lo más seguro, y en general lo es, pero con alcohol, cuidado”. El motivo es su impacto sobre el hígado, especialmente cuando este órgano ya está metabolizando alcohol.
El cardiólogo explica que “el paracetamol es tóxico para el hígado a dosis muy altas, pero nuestro hígado se vuelve mucho más sensible si bebemos”. Añade que el riesgo aumenta en personas que han bebido en exceso o pesan menos de 60 kilogramos, casos en los que aconseja reducir la dosis habitual a 500 miligramos.
La combinación más peligrosa tras beber alcohol
El tercer grupo de fármacos es, en palabras del especialista, el más preocupante. Se trata de las benzodiazepinas, como lorazepam, alprazolam o diazepam, habitualmente utilizadas para la ansiedad o el insomnio.
“El alcohol con las benzodiazepinas se potencian”, explica, y enumera las posibles consecuencias: “Sedación excesiva, desorientación, caídas frecuentes e incluso problemas como depresión respiratoria”. Por ello, su mensaje es tajante: “No mezclar las benzodiacepinas con alcohol”.