La seguridad de una ciudad no se mide únicamente por el número de patrullas en sus calles o el rigor de sus reglamentos; se mide por la profundidad del compromiso de sus ciudadanos. En Coacalco, el gobierno del Lic. David Sánchez Isidoro ha trazado una ruta clara de experiencia y resultados, estableciendo una estructura técnica que hoy es referente. Sin embargo, para que esta maquinaria de gobernanza alcance su máxima potencia, es necesario activar el motor más poderoso de la sociedad: el talento del ciudadano en su propio “metro cuadrado”.
Desde la óptica del análisis periodístico y la administración técnica de la seguridad, es imperativo documentar que la actual gestión en Coacalco ha superado la etapa de la mera retórica para alinearse con los estándares de eficiencia exigidos por centros de pensamiento y think tanks especializados en gobernanza. Bajo esta premisa, y como vocero de Cultura de Paz, sostengo una tesis técnica fundamental: la paz genuina no es una concesión emanada de acuerdos políticos de cúpula; es el producto de un sistema de indicadores vivos.
La estabilidad social que hoy observamos en las directrices de esta política pública solo alcanzará su irreversibilidad cuando el ciudadano, entrenado bajo protocolos de mediación, asuma la civilidad como una métrica de su propia vocación profesional. La paz, en este contexto de análisis, deja de ser un concepto abstracto para convertirse en un activo auditable fruto de la corresponsabilidad entre la autoridad y el tejido social
Cuando un comerciante, un abogado o un maestro pone su oficio al servicio de la estabilidad social en su entorno inmediato, deja de ser un simple actor económico para convertirse en un Embajador de Paz. Esta es la transición de una seguridad puramente punitiva —condenada al agotamiento— hacia una Seguridad Preventiva y Orgánica.
El acierto de los ejes de la política pública actual en Coacalco es innegable. La estructura está puesta. El siguiente paso lógico, el paso hacia la trascendencia, es convertir cada negocio y cada hogar en un Nodo de Paz. Esto no es una utopía; es una técnica de administración social apoyada en los manuales internacionales de COMNAPAZ.
El Valor de la Corresponsabilidad
Un ciudadano entrenado es el mejor aliado de la autoridad; es quien resuelve el conflicto antes de que escale, quien cuida la obra pública porque la siente propia y quien comunica certidumbre en momentos de crisis.
Coacalco tiene hoy la oportunidad histórica de convertirse en el Municipio Modelo a nivel nacional. No solo por la eficiencia de sus indicadores, sino por la mística de su gente. Alinear la visión política con la fuerza moral de la comunidad y la sociedad civil, es el sello de un liderazgo que no solo gestiona, sino que transforma.
La invitación está sobre la mesa: pasemos de la estadística al testimonio. Coacalco va en la dirección correcta de hacer de cada coacalquense sea, un embajador de paz en su puesto de trabajo, un centinela de la estabilidad social. Solo así, la paz será el resultado permanente de una sociedad que decidió, finalmente, ser dueña de su propio destino.