Mientras las cúpulas políticas celebran récords comerciales y “vueltas de tuerca” en la integración con Estados Unidos, el sentimiento en las calles de México es de un profundo y doloroso agotamiento. A un año del segundo mandato de Donald Trump, la narrativa oficial de “dignidad diplomática” choca de frente con una realidad que la ciudadanía ya no soporta: un país rehén del narcotráfico y la violencia.
Entre la espada de Washington y la pared de los cárteles
Para el mexicano de a pie, el dato de ser el “primer socio comercial de EE. UU.” suena a retórica hueca cuando el fentanilo y las armas siguen cobrando vidas en ambos lados de la frontera. El ciudadano está harto de ser la moneda de cambio en una negociación donde Washington exige “resultados” bajo amenaza de aranceles, mientras las comunidades locales siguen bajo el yugo del crimen organizado.
La Soberanía: ¿Concepto sagrado o excusa de inacción?
La nota de prensa oficial destaca la negativa de la presidenta a permitir tropas extranjeras en suelo nacional. Sin embargo, en los barrios y comunidades más afectados por el narco, surge una pregunta incómoda y desesperada: ¿De qué sirve una soberanía intacta en el papel si el territorio está controlado por grupos criminales?
El “sentir de la calle” muestra una peligrosa grieta:
El cansancio del nacionalismo retórico: La ciudadanía empieza a priorizar la seguridad efectiva sobre las formas diplomáticas.
La sospecha de la cooperación: Se percibe que la “colaboración” mencionada en los comunicados no se traduce en patrullajes seguros, sino en más burocracia mientras el control territorial de los cárteles aumenta.
2026: Un año de definiciones críticas
Con la revisión del T-MEC en puerta, el riesgo es que México sea visto solo como una “aduana eficiente” y no como una nación en paz. Las alianzas de paz y las iglesias constructoras de tejido social advierten que la verdadera “Estrategia de Seguridad” no debe validarse en el Capitolio de Washington, sino en la recuperación de la tranquilidad de las familias mexicanas.
La imagen institucional de México no puede sostenerse solo con exportaciones de bienes; debe sostenerse con la exportación de una imagen de orden y justicia. El hartazgo ciudadano es un cronómetro que corre más rápido que el calendario electoral de Estados Unidos. La pregunta para este 2026 no es cuánto le vendemos a Trump, sino cuándo recuperaremos la paz en nuestras propias calles.