Miguel de Cervantes puso a Don Quijote en un lugar de la Mancha, en gran medida, para contar un chiste. La región, ya a finales del siglo XVI, era un secarral casi completamente llano conocido por ser una de las regiones más anodinas e irrelevantes de Castilla, un sitio lejos de todo en el que un noble de tercera con ansias de gloria quedaba obviamente fuera de lugar. Incluso ahora, cinco siglos después, decir “provincia de Albacete” en España es cómo te mofas de un lugar irrelevante.
En tiempos del Quijote, como ahora, La Mancha era conocida por ser un lugar azotado por el viento. La región está en una meseta, a 600 metros sobre el nivel del mar, y tiene uno de los vientos más constantes de Europa. La escena de los molinos, la parte más célebre de la novela, reflejaba una constante del paisaje de la zona.
Los molinos también siguen allí, tras todos estos años. Aunque esta vez están acompañados de sus parientes más modernos, los generadores eólicos de última generación que han hecho que la región esté ahora en el centro de una de las grandes revoluciones tecnológicas de la historia reciente.
La invasión rusa de Ucrania, hace cuatro años, provocó una subida de los precios de la energía en todo el planeta. Este repunte fue especialmente marcado en Europa, especialmente en el coste del gas natural, que hasta entonces había importado de Rusia. En España, aunque la subida fue menos acentuada (el país importa gran parte de su gas de Marruecos y Argelia), hizo que muchos se plantearan los riesgos de depender de combustibles fósiles para el suministro energético. El gobierno se apresuró a aprobar primero una reforma del sistema eléctrico que evitaba que el coste del gas fuera lo que definiera la tarifa del mercado, como había sucedido hasta entonces, y apostó de forma abierta y decidida por buscar alternativas.
España no tiene petróleo, pero tiene dos cosas en abundancia: días soleados y regiones ventosas. En La Mancha llueve menos de 400 mm al año (un tercio de lo que llueve en Nueva Inglaterra), así que es un lugar ideal para colocar paneles solares. Sigue siendo un lugar con vientos constantes casi todo el año. La región, ya bastante vacía en tiempos del Quijote, tiene mucho, mucho espacio para instalar turbinas eólicas, paneles solares, y baterías de almacenamiento. La solución era simple, apostar por las renovables.
Ha funcionado. El año pasado, la mitad de la electricidad producida en España provenía de fuentes renovables, especialmente solar y eólica. Los enormes embalses en las zonas que rodean la meseta (vitales en un lugar propenso a sequías) y sus centrales hidroeléctricas funcionan como un complemento perfecto, permaneciendo paradas durante el día y funcionando de noche, ejerciendo de “baterías naturales”. Si hay suficiente electricidad sobrante, el agua puede ser bombeada río arriba para generar electricidad más adelante.
Toda esta capacidad de generación limpia tiene la virtud, además, de ser extraordinariamente barata. El coste de la electricidad se ha disparado en media Europa dada su enorme dependencia del gas natural (ahora importado de Estados Unidos y Oriente Medio). Las dos únicas excepciones son Francia, que genera su electricidad casi exclusivamente con centrales nucleares, y España y sus renovables.
Pero España tiene una ventaja: la eólica y la solar son mucho más baratas de operar, así que el coste de la energía en la península ibérica es el más bajo del continente. Y por supuesto, esto ha venido acompañado de una dramática reducción de las emisiones contaminantes del sector eléctrico.
Así que, mientras que la industria pesada en media Europa ve el cierre del estrecho de Ormuz y se lleva las manos a la cabeza, los consumidores españoles apenas han visto cambios en su factura de la luz. Sí han visto una subida del precio de la gasolina, pero el parque automovilístico está electrificándose también a marchas forzadas. Prácticamente la totalidad del transporte ferroviario está ya electrificado.
Queda trabajo por hacer. España tiene mucha capacidad de generación instalada, pero no suficiente capacidad de almacenamiento; la inversión en baterías ha aumentado mucho, pero no es suficiente. Pero la cuestión de fondo es que, si queremos electricidad a buen precio, este no es un problema difícil. El sol y el viento son gratis.