La verdadera intensidad de la vida no se mide por el pulso de nuestras emociones pasajeras, sino por la profundidad de nuestra capacidad de entrega. En la reciente conferencia impartida por el Padre Ángel Espinosa de los Monteros en el Centro Juvenil Salesiano en Coacalco de Berriozábal, se planteó un desafío que sacude los cimientos de la comodidad individualista: el amor como un ejercicio de voluntad, un “hacer” que sostiene al “sentir”.
Para transformar una relación de la inercia a la plenitud, el punto de partida es un examen de conciencia valiente, resumido en tres preguntas de oro que toda pareja debería integrar en su lenguaje cotidiano:
- ¿Te estoy haciendo feliz? Una evaluación honesta del presente que rompe con las suposiciones.
- ¿Qué debo hacer para hacerte más feliz? La transición del deseo a la acción proactiva.
- ¿Qué tengo que dejar de hacer para hacerte más feliz? El sacrificio necesario de hábitos personales en favor del bien común.
Compromiso Institucional con el Núcleo Social
Al evento asistió el Presidente Municipal de Coacalco, David Sánchez, acompañado de su esposa, la Presidenta del DIF, Lourdes Gonzalez, subrayando la relevancia de este mensaje para la comunidad. Para el presidente Sánchez, la familia no es solo un concepto privado, sino el eje fundamental de sus políticas públicas. Su presencia reafirma la convicción de que una sociedad fuerte y segura se construye desde hogares sólidos, donde los valores y la armonía sean la prioridad del gobierno y la ciudadanía.
La raíz del encuentro: El conocimiento propio
Como bien señaló la abogada Bárbara Elizalde durante el encuentro, el amor hacia el otro es un espejo de nuestro mundo interior. “Debemos empezar a trabajar con nosotros mismos para amarnos y así estar bien con el otro”, afirmó. Su análisis es certero: la falta de autoconocimiento es el caldo de cultivo para las relaciones complicadas. De ahí la urgente necesidad de contar con centros de orientación familiar que brinden las herramientas que hoy, más que nunca, todos necesitamos.
El perdón y la batalla contra el aislamiento
Por su parte, la señora Violeta Barrera identificó el perdón como uno de los retos más grandes de la vida en común. En este sentido, la comunicación emerge como el puente indispensable. Mientras que para la señora Violeta el celular representa un muro que aísla y silencia las mesas familiares, Bárbara Elizalde apunta hacia una causa más profunda: la crisis en la educación en valores dentro del hogar. El dispositivo solo ocupa el vacío que deja la falta de propósito y respeto.
Conclusión: Escuchar para sanar
La clave final que nos deja esta reflexión es la tolerancia y la paciencia. Amar intensamente significa aprender a escuchar, no para responder, sino para comprender. El desapego no se cura con mejores teléfonos, sino con mejores conversaciones, hablando con respeto y rompiendo los silencios que distancian. En última instancia, la manera más intensa de vivir es aquella donde decidimos, cada mañana, que la felicidad del otro es nuestra misión más importante.