Por Aníbal Brea
Las veleidades del clima están afectando la vida diaria de muchísima gente. No la vida de todo el mundo porque siempre hay personas “dichosas” (aparte de las fenecidas) que, por razones de extrema solvencia, en general ni siquiera se enteran si hace frío o calor.
Este año, le toca al Niño hacer de las suyas (¡ay esos varoncitos!) luego de haber tenido un periodo relativamente calmado durante el periodo de la Niña, con la excepción del largo y frio invierno que, de todas maneras, era ya parte del ciclo del Niño.
Naturalmente, los eventos mundiales, que están afectando negativamente a millones de personas, tienen mayor relevancia que los fenómenos climáticos, pero estos sin duda que contribuyen a hacer las cosas más difíciles para el común de los mortales.
Ante la inminente llegada de la primavera y del verano, cabe pensar en lo que el clima nos depara. Según las previsiones de los expertos, 2026 será el año más cálido de toda la historia, sobrepasándole al 2023 que, hasta ahora tenía ese récord. Entretanto, todavía formalmente en invierno (la primavera inicia el viernes 20), en el oeste y suroeste del país, ya las temperaturas se han disparado ¡por encima de los calcinantes 100 grados!
O sea, después de un invierno memorable, tendremos un verano para no olvidar, cargado de tormentas, lluvias catastróficas y, como si fuera poco, sequias espantosas en algunas latitudes. Los objetivos del famoso Acuerdo de Paris de 2015 (reducir la temperatura en 1.5 grados centígrados), firmado por todos los países del mundo, pero del que Estados Unidos se disoció en enero pasado, se alejan en virtud del real insuficiente esfuerzo por parte de los gobiernos y sectores de poder de todo el mundo y de los consecuentes “caprichos de la naturaleza”.
En medio de ese próximo futuro de incertidumbres de todo tipo, se presentan de nuevo las famosas predicciones de Nostradamus (vivió en los años 1500) y las interminables interpretaciones que le dan quienes se interesan por el tema de las predicciones o adivinaciones las que, (escritas en cuartetas cifradas o especie de rompecabezas) en resumidas cuentas, son lo mismo y se pueden referir, de acuerdo con el interés de quien las consulta, a situaciones creadas por los humanos, o las creadas por la naturaleza.
Por lo demás, es importante recordar, que las asociaciones de las famosas profecías con hechos ocurridos siempre han sido a posteriori, no antes. Así, cuando Nostradamus escribe que Marte “trazará su camino a través de las estrellas” y la sangre se “derramará sobre el santuario”, eso es realmente aplicable a cualquier año y a cualquier lugar, pese a los intentos de quienes creen las profecías, en conectarlos con lo que está ocurriendo en 2026.
Pero más que adivinanzas sobre hechos que están a la vista de todo el mundo, a la gente le interesa saber sobre las predicciones climáticas que, aunque con cierta dosis de “adivinanza”, son inevitables año tras año e influyen sobre la vida real de cada persona o comunidad. También sería útil saber algo más acerca de cuáles números ganarán el próximo loto…Pero ni siquiera la inteligencia artificial puede llegar tan lejos…
Los seres humanos pueden producir o modificar hechos, como efectivamente hacen, y pueden también alterar, pero no evitar el proceso de la naturaleza. Las guerras, la explotación indiscriminada de riquezas naturales, el uso desenfrenado de esos recursos sí afecta el clima.
El problema es que de alguna manera tenemos que vivir y como todo lo que se usa, se gasta, así ocurre con nuestro planeta; somos algo más de 8 mil millones de seres humanos y parece que para 2030 (apenas en cuatro años) podríamos llegar a los 8,500 millones, aunque se supone que las bajas tasas de fertilidad provocarán una especie de “congelamiento” de ese crecimiento hacia el año 2100.
Pero “en lo que el hacha va y viene”, estamos obligados a bregar con perspectivas de veranos con efectos mortíferos para muchas poblaciones. La urbanización creciente de las ciudades con la consiguiente explosión demográfica las convierte en lo que los expertos denominan “esponjas de calor”, por la construcción de las famosas torres de viviendas o la destrucción de bosques para procurar espacio habitable.
Todo eso quiere decir que este próximo verano y los siguientes, con lo que tendremos que habituarnos a bregar no sale de la nada ni de repente. Incluso el refrescante aire acondicionado contribuye en buena medida a calentar el aire del entorno. Y entretanto, a falta de soluciones que beneficien a todo el mundo y tratar de olvidar ese calor intenso que nos amenaza este verano, quizás cantar la vieja canción de los años 60, “calor, qué calor, la vida” o bailar “Cuando calienta el sol”.