Ya entrados en el nuevo año; sin precisamente saber qué nos depare; miramos a la economía estadounidense en perspectiva, y pues según economistas y analistas observan un panorama cuya senda está marcada por una miscelánea entre una relativa fortaleza; que no es suficiente para despegar; ya que estará sujeta a significativas incertidumbres. Tras un 2025 sorprendentemente resistente con un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) superior a lo esperado y una inflación aún por encima de los objetivos; las proyecciones para el presente año reflejan un crecimiento sostenido aunque moderado, junto con desafíos estructurales que llaman a la cautela.
Tal es así, que las estimaciones más recientes pronostican que el crecimiento económico de Estados Unidos en 2026 se mantendrá en torno a rangos moderados; aunque existe una dispersión considerable entre las distintas proyecciones dadas por entidades bancarias, consultores, entre otros. Por ejemplo, el consenso de pronosticadores profesionales (Blue Chip) estiman que el crecimiento real del PIB estará alrededor del 1,9%. Otros consideran un crecimiento que bordee el 2,5% y otras tan bajas de tan sólo un 1,2% como el Banco de la Reserva Federal de St. Louis.
Estimaciones independientes como Bankinter apuntan a un crecimiento del PIB de aproximadamente 2,1% en 2026; respaldado por recortes de tasas de interés, estímulos fiscales y avance en inversiones en sectores tecnológicos como la inteligencia artificial (IA), que creen que impulsará en gran medida el crecimiento de este año.
En una óptica global, el país del “tío Sam”; se consolida como una de las economías con mayor resistencia, con pronósticos que incluso sugieren un crecimiento ligeramente superior al promedio global con un 2,6% como lo estima Goldman Sachs.
Por su parte la inflación, que es una variable de importancia en toda economía; seguirá manteniéndose por encima del rango meta (2%), dando señales de moderación, después de la segunda mitad del año. Los pronósticos anticipan que la inflación medida por el índice de precios al consumidor (CPI) rondará el 2,9%. Este dado, nos indica persistencia; por lo que la Reserva Federal (FED) sin lugar a dudas a de mantener una postura cuidadosa en lo que respecta a los recortes de los tipos. Inclusive se avizora que éstos no se moverán a inicios de año, y que apenas se dará lugar a los recortes en el mes de setiembre.
Al mirar al mercado laboral, que es uno de los pilares tradicionales de la economía americana; se prevé que un entorno más estable contribuya a la estabilización en la contratación de personal en la segunda mitad del 2026; para alcanzar reducir la tasa de desempleo cuyo dato ha cerrado en el 2025 con 4,6%. Aunque esta cifra sigue siendo baja desde una perspectiva histórica y sugiere un mercado laboral relativamente sólido, refleja cierta desaceleración en la creación de empleo, especialmente en sectores sensibles a ciclos económicos.
Un tema preocupante, pese a las cifras macroeconómicas; es la pobreza e inseguridad económica entre los hogares de menores. El dato previo al 2026 es que aproximadamente el 11,1% de la población vivía en pobreza; con más de 36 millones de personas en esa condición. Nivel que no ha mostrado mejoras sustanciales en años recientes (Santander Trade). Es más, encuestas de sentimiento económico como las que recoge “Investopedia” revelan que casi la mitad de los estadounidenses reporta un aumento en el estrés financiero al aproximarse 2026, debido a una combinación de altos costos de bienes esenciales, deudas elevadas y percepción de inseguridad laboral.
Es propicio añadir, que el panorama para este 2026 no deja de estar cargado de algunos factores que generan cierta incertidumbre; como el comercio, la política, la tecnología, lo geopolítico, etc. Los aranceles implementados en 2025 continúan generando incertidumbre sobre precios y las relaciones comerciales internacionales; los cambios fiscales incluidos en la llamada “One Big Beautiful Bill” están diseñados para reducir impuestos y estimular la inversión empresarial, lo que podría dinamizar el crecimiento; la inversión en inteligencia artificial ($ 500 000 millones) y tecnología avanzada se perfila como un motor importante de productividad y crecimiento potencial, aunque con matices; los conflictos bélicos en los que está inmiscuido (Urania, Israel, Venezuela, Nigeria y otros posibles que se den este año), sin duda no pasarán sin dejar sus consecuencias sobre el tablero económico.
Por ahora tenemos un año 2026, que augura un crecimiento moderado, inflación persistente por encima de metas, un mercado laboral estable pero más débil, y desafíos sociales como la pobreza y el estrés financiero familiar. Mientras algunos sectores tecnológicos impulsan oportunidades, factores globales y geopolíticos introducen riesgos importantes. En este entorno, la política económica tendrá un papel crucial para equilibrar estabilidad macroeconómica y bienestar social. Principio del formulario
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