En el mensaje de este Miércoles de Ceniza, el Papa León XIV ha lanzado una provocación necesaria para nuestra época: la Cuaresma no es un retiro individualista, sino un “tiempo fuerte de comunidad”. Como observador de la imagen institucional y defensor de la disciplina que forja el carácter, encuentro en las palabras del Pontífice la cura para el mal más corrosivo de nuestro siglo: la desvinculación.
El fenómeno de la desvinculación
Hoy, reunir a las personas y “sentirse pueblo” parece una tarea titánica. La desvinculación no es solo la falta de presencia física; es la fractura del compromiso con el prójimo. Como bien señala Su Santidad, nos hemos refugiado en “entornos reales y virtuales” que, lejos de conectarnos, nos condicionan mutuamente bajo estructuras de pecado. Esta desvinculación es la que nos permite ver el “mundo que arde” con la fría indiferencia de quien se siente impotente o, peor aún, ajeno.
Responsabilidad vs. el enemigo externo
El análisis del Papa León XIV es tajante: el mal no proviene de “supuestos enemigos” externos, sino que se ha gestado en el interior de nuestra propia vida y en nuestras instituciones. En mi experiencia formando identidades institucionales, he visto que la desvinculación florece donde no hay autocrítica.
“Qué raro es encontrar adultos que se arrepienten, personas, empresas e instituciones que admiten haber cometido un error”, afirma el Pontífice.
Esta resistencia a la humildad es lo que nos mantiene “paralizados y rígidos”. La desvinculación es, cn esencia, una huida de la responsabilidad.
Un éxodo hacia la Cohesión
El llamado de León XIV a través de la escritura es el de un éxodo: un movimiento para reencontrar la libertad. No una libertad individualista y agresiva, sino una comunión donde cada uno encuentre su lugar. Para quienes trabajamos en alianzas con iglesias constructoras de paz, este mensaje es un plan de acción:
– Reconocimiento: Aceptar que la desvinculación nace de nuestros propios errores.
– Movimiento: Romper la rigidez de nuestras posiciones para ponernos en marcha hacia el otro.
– Misión: No distraernos en el trabajo personal, sino abrirlo a los “inquietos de buena voluntad”.
Conclusión
La juventud actual, incluso en sectores secularizados, percibe que algo no funciona. Ellos detectan la mentira de la desvinculación y buscan una alternativa “honesta y atractiva”. Como nos insta León XIV, es el momento de empezar por donde se puede y con quien esté dispuesto. La verdadera defensa de nuestra sociedad no reside en muros o nacionalismos agresivos, sino en la capacidad de volver a ser un pueblo que camina unido hacia la justicia.