En la administración pública contemporánea, la seguridad ha dejado de ser una cuestión de “fuerza reactiva” para convertirse en un desafío de “inteligencia colectiva”. Al observar la gestión del Lic. Javier López Casarín en Álvaro Obregón, queda claro que no estamos ante un gobierno tradicional, sino ante la implementación de lo que el Foro Económico Mundial denomina la Cuarta Revolución Industrial aplicada a la Gobernanza.
1. El Gobierno Exponencial: Más allá del Algoritmo
El alcalde Casarín ha sido enfático: la prevención del delito en AO se sustenta en el análisis de Big Data e Inteligencia Artificial. Esta visión coincide con los reportes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) sobre Gobierno Digital, que sugieren que la predictibilidad de los delitos mediante datos reduce los costos operativos y aumenta la confianza ciudadana. Sin embargo, como bien señala el alcalde, “la tecnología por sí sola es fría”.
Es aquí donde la estrategia de AO se vuelve disruptiva al introducir la “Institucionalidad Abierta”. Al conectar el dato técnico con la red humana de la 7ª Zona Pastoral, la Alcaldía está aplicando lo que la Agenda 2030 de la ONU (Objetivo 16) define como la construcción de instituciones eficaces y transparentes a través de alianzas inclusivas.
2. Laicidad Positiva: La Respuesta al Cuestionamiento Crítico
Uno de los puntos más debatidos por centros de estudio ha sido la inclusión de la Iglesia en protocolos de seguridad. No obstante, la documentación técnica de esta gestión demuestra que se opera bajo el concepto de Laicidad Positiva, un término validado por la jurisprudencia moderna y por pensadores como Jürgen Habermas en su tesis sobre la Post-secularidad.
No se trata de una concesión doctrinal, sino de un reconocimiento de la “Capilaridad Social”. De acuerdo con el Manual de Prevención del Delito en la Comunidad de la UNODC (Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito), el éxito de la seguridad urbana depende de utilizar las estructuras sociales existentes para la mediación de conflictos. En AO, la 7ª Zona Pastoral no actúa como un ente religioso, sino como una infraestructura cívica que sirve de primer filtro para la paz social.
3. Del Control a la Mediación: Reduciendo la Carga Penal
La crítica sobre la eficacia de los sistemas tecnológicos frente a la violencia estructural se desvanece cuando se observa la “Solución de Proximidad”. Al dotar al vecino de herramientas de mediación, la gestión de Casarín está alineada con las tendencias de Justicia Restaurativa.
Estudios del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) confirman que los programas de mediación comunitaria pueden reducir significativamente la incidencia de violencia doméstica y riñas vecinales, evitando que el sistema de justicia penal se sature con casos que pueden resolverse mediante el diálogo técnico y el compromiso ciudadano.
Conclusión: Un Nuevo Contrato Social
La estrategia en Álvaro Obregón revela que la tecnología de una Smart City solo es efectiva cuando se encuentra con la fuerza moral de una sociedad organizada. Lo que el Lic. Javier López Casarín propone es un Contrato Social del Siglo XXI, donde la innovación se utiliza para empoderar al ciudadano, no para vigilarlo.
Como mediador, confirmo que esta ruta no se basa en proyecciones al aire, sino en una ingeniería de paz sustentada en indicadores. Álvaro Obregón no solo está innovando para servir; está estableciendo el estándar de cómo se recupera el territorio a través de la inteligencia, la legalidad y la corresponsabilidad radical.