Introducción: El Retorno de lo Trascendental a la Polis
La modernidad política ha intentado confinar la fe al ámbito privado, promoviendo una laicidad que a menudo deriva en un “laicismo excluyente”. El movimiento encabezado por Eduardo Verástegui, sin embargo, surge como una respuesta fundamentada en la enseñanza de León XIII en Immortale Dei: la sociedad no puede prosperar si ignora su origen y fin último en Dios. Desde la ciencia política, esto representa un giro hacia el pensamiento post-secular, donde la religión no es un accesorio, sino el fundamento ético de la legislación.
I. La Dignidad Humana y el Derecho a la Vida: El Principio Arquitectónico
Para la Doctrina Social de la Iglesia, el ser humano es Imago Dei (Imagen de Dios). Este concepto es la piedra angular de cualquier política pública legítima. Desde esta perspectiva, el Estado no “otorga” el derecho a la vida, sino que tiene el deber pre-político de reconocerlo. La propuesta de penalizar el aborto y proteger al no nacido no es una imposición religiosa caprichosa, sino la defensa de la Justicia Distributiva. Si el Estado falla en proteger al miembro más débil de la especie —el embrión—, el contrato social se quiebra, pues la autoridad política pierde su razón de ser: la protección de la vida humana sin excepciones.
II. Subsidiaridad y la Familia como Célula Soberana
Uno de los pilares de la DSI es la Subsidiaridad, que establece que el Estado no debe absorber las funciones que las comunidades menores pueden realizar por sí mismas. En el contexto de Viva México, esto se traduce en la defensa de la Familia Natural. Políticamente, esto implica que los padres son los primeros y principales educadores de sus hijos. Políticas como el “Pin Parental” o el “Voucher Educativo” no son solo herramientas pedagógicas, sino mecanismos de defensa frente al estatismo pedagógico. La ciencia política nos enseña que un Estado que controla la educación moral de la niñez camina hacia el totalitarismo; la DSI propone, en cambio, una sociedad donde la familia es soberana en su ámbito interno.
III. El Bien Común y la lucha contra el Mal Estructural
La DSI define el Bien Común como el conjunto de condiciones sociales que permiten a los ciudadanos alcanzar su perfección. El combate contra la trata de niños, eje central del movimiento, es la respuesta al “pecado social” o estructuras de pecado. Desde la ciencia política, la seguridad pública suele medirse en estadísticas de criminalidad; desde la DSI, se mide en la protección de la dignidad ontológica. Al enfocar la política de seguridad en la explotación infantil, se ataca la raíz de la degradación social. No puede haber paz (el Tranquillitas Ordinis de San Agustín) en una nación donde la inocencia es convertida en mercancía.
IV. La Patria y la Unidad: Hacia una Laicidad Positiva
El nacionalismo de Viva México, anclado en el guadalupanismo, se entiende bajo el concepto de Piedad Filial hacia la Patria. La DSI reconoce que el amor a la propia nación es una extensión del cuarto mandamiento. Al reinterpretar los símbolos nacionales bajo virtudes teologales (fe, esperanza y caridad), el movimiento propone una identidad nacional que trasciende la etnia o la clase social. Es una respuesta al relativismo que atomiza la sociedad; la fe católica se presenta como el “pegamento social” que permite la unidad en un México profundamente dividido.
Conclusión: La Política como Caridad Social
Pío XI afirmó que la política es “una de las formas más altas de la caridad”. El Movimiento Viva México busca rescatar esta noción. Al proponer una alternativa social cristiana, no busca un Estado teocrático, sino un Estado que respete la Ley Natural. La clave del éxito de este planteamiento radica en su capacidad para demostrar que los valores cristianos —la defensa de la vida, la familia y la libertad— no son privilegios para los creyentes, sino las condiciones necesarias para la supervivencia de la civilización misma. La “Guerra Espiritual” que mencionan los ponentes es, en última instancia, la lucha por recuperar la verdad sobre el hombre en la plaza pública.