En el año 2025 que acabamos de dejar atrás hace unos escasos días, la economía de Estados Unidos tuvo un comportamiento moderado en medio de un entorno marcado por un crecimiento económico ecuánime (PIB), una inflación que no terminó de alcanzar las metas y un mercado laboral más débil de lo esperado. Los datos oficiales de ciertas variables económicas constituyen nuestros insumos para el presente, y nos reflejan una economía que prudentemente ha mostrado resistencia con indicios claros de desaceleración que sin duda plantean serios retos de cara al futuro.
Considerando el crecimiento económico del país tuvo cifras mixtas con revisión al alza. Su trayectoria a lo largo del año ha sido desigual, tal es así que en el primer trimestre tuvo una contracción anualizada de 0,3%; siendo el primer dato trimestral negativo desde 2022. En el segundo trimestre mostró un importante crecimiento en términos anualizados alcanzando el 3,8%. El tercer trimestre incrementó una tasa anualizada del 4,3%; mientras que aún no tenemos a la mano el dato oficial del cuarto trimestre. No obstante las proyecciones realizadas por analistas y organismos económicos nos indicaron un crecimiento más moderado en el conjunto del año.
Los factores que impulsaron el crecimiento en el segundo y tercer trimestre fueron el gasto de los consumidores, las exportaciones y el gasto gubernamental. Este crecimiento moderado que ha tenido el país, estuvo influenciado por una combinación de factores, como las políticas comerciales restrictivas con aranceles que encarecieron algunos insumos, incertidumbre empresarial y una población activa que avanzó lentamente. Si bien algunos trimestres registraron cifras robustas, la economía estadounidense no logró mantener un ritmo sostenido que superara consistentemente el 3%.
La variable inflación se mantuvo persistente por encima del rango meta establecida por la Reserva Federal (FED); con movimientos de contracción en algunos meses y en otros volviendo a “encender” las alarmas por la subida que sufría la variable. De hecho ha sido uno de los temas más debatidos el año pasado. En el mes de enero se inició con un 3% y actualmente el dato se encuentra en 2,7%. Por su parte la inflación subyacente mostró cierta resistencia y fue un factor clave para que las autoridades monetarias mantuvieran las tasas de interés relativamente altas durante buena parte del año con la intención de contener presiones de precios.
Al mirar al mercado laboral, las cifras nos indican debilidad en la creación de empleo. Si bien, la tasa de desempleo (paro) se mantuvo relativamente baja; cercana al 4,4% como cerró a fin del año. El dinamismo del mercado de trabajo fue mucho más débil que en años recientes. En términos absolutos, la creación de empleo fue la más baja desde la pandemia de COVID-19, con apenas alrededor de 584 000 puestos agregados en todo el año; frente a los más de 2 millones de nuevos empleos generados en 2024.
Este lento ritmo de contratación se evidenció particularmente en sectores como construcción, manufactura y comercio minorista, donde las ganancias de empleo fueron escasas o negativas. En contraste, el sector de cuidado de la salud y servicios sociales fue uno de los pocos que impulsó algunos de los escasos aumentos de empleo registrados. La desaceleración laboral se atribuye a varios factores, tales como la saturación postpandémica en algunos segmentos del mercado, políticas migratorias restrictivas que redujeron el crecimiento de la fuerza laboral, y una adopción más rápida de tecnologías como la inteligencia artificial que cambiaron patrones de contratación.
Importante considerar es la pobreza y desigualdad, que de acuerdo a las cifras oficiales más recientes disponibles muestran que la tasa oficial de pobreza en 2024 fue de 10,6 % equivalente a unos 35,9 millones de personas viviendo por debajo de la línea oficial de pobreza. Si bien los datos específicos para 2025 aún no están completamente disponibles al cierre del año, la tendencia sugiere que esta realidad se ha ido manteniendo más o menos constante.
Por lo visto 2025 fue un año de contrastes para la economía de Estados Unidos. Logró evitar una recesión profunda, mantuvo indicadores clave dentro de rangos relativamente saludables, pero los frenos al empleo, la inflación persistente y la moderación del crecimiento dejan lecciones importantes para los responsables de política pública que lideran el país.