Los temas populares de estos días en las redes sociales suelen estar relacionados con los propósitos de año nuevo. Numerosos escritores y creadores de contenido web dedican sus esfuerzos a ofrecer recomendaciones, tips y discusiones al respecto. Indudablemente, en este artículo también ofreceré mi perspectiva del asunto, como lo he hecho en años anteriores. No obstante, en esta oportunidad quiero ofrecerte una sencilla reflexión para que comiences el año con algo ligero y te liberes un poco de la presión psicológica que debe estar en su punto máximo durante estos días acerca de lo que va a suceder este año y cómo vas a hacer que suceda.
Estamos en los primeros días del año 2026, una oportunidad perfecta para reflexionar sobre lo que queremos lograr, las metas que nos hemos planteado y los momentos especiales que deseamos compartir con nuestros seres queridos.
Cada uno de nosotros es una especie de actor y espectador en nuestra propia vida a un mismo tiempo, a veces desempeñando roles tan diversos como ser personajes secundarios o terciarios en la vida de los demás, incluso yendo a los extremos de ser nuestros auténticos protagonistas o formar parte de grandes multitudes que se pierden entre ellas. Esto, sin duda, puede pesar considerablemente a nuestra salud mental.
Entre todos estos tiempos es natural sentir que la vida nos rebasa. Pero es justamente a partir del tiempo que podemos brindarnos el respiro que todos merecemos para volver a integrarnos al mundo. En la era de las agendas abrumadoras y las listas interminables de tareas pendientes, el Año Nuevo se presenta como un alto en el camino, un recordatorio de que el tiempo es un recurso finito y precioso.
No te agobies, toma las cosas con calma. Vas a tener muchas oportunidades, pero también, si es que tienes un año estupendo, vas a fracasar y a cometer errores, pues de lo contrario no aprenderías nada nuevo. También vas a tomar malas decisiones, vas a ser juzgado, y es posiblemente, tu vida no vuelva a ser como antes. No te preocupes por eso, porque ya sabes que va a ser así, siempre es así, para todas las personas, en cualquier parte del mundo. Los años perfectos no existen y esta idea puede tranquilizarte.
No puedes avanzar a ninguna dirección sin antes saber dónde estás. Saber lo que se ha hecho mal será crucial para no volver a repetirlo; entender qué se ha hecho bien es crucial para la construcción de un año mejor. El auto-examen te permite discernir aquellas cosas que debes mejorar; analizar tus pensamientos, palabras y hechos es un acto de humildad que solo algunos están dispuestos a realizar. Al examinarte te encuentras contigo mismo y eso es algo que muy pocos pueden decir que han hecho en la vida. Al analizar “lo bueno”, “lo malo” y “lo feo” que hiciste durante el año pasado te brinda la oportunidad de felicitarte, arrepentirte y enmendar lo que se pueda componer.
Celebrar el cambio de año es, en esencia, reconocer la complejidad del tiempo, una invención puramente humana que se ha convertido en una herramienta invaluable para tejer el tapiz de nuestras vidas. En medio de nuestras ocupaciones diarias, la celebración nos brinda la oportunidad de reflexionar sobre los logros y desafíos del año pasado, y mirar hacia adelante con esperanza renovada.
Entre todo lo dicho, si pudiera expresar mis anhelos profundos, deseo un mundo lleno de paz y amor, donde se respire la tranquilidad, la seguridad, el perdón y el amor por doquier, donde cada mañana nos levantemos con ganas de ver brillar el sol de cada día, o tan solo sentir la briza fría de la lluvia en esos días nublados.
Nunca hay que permitir que la faena cotidiana nos consuma, tampoco darle lugar a las personas difíciles y envidiosas que nos amarguen la existencia; es mejor regalarle una sonrisa a cada circunstancia de la vida, sabiendo que de todo aprendemos una lección. Sin importar si el cielo esta tan azul iluminado por un radiante sol, o si se nubla con la negrura de la tormenta; hay que agradecer a Dios en cada situación, con la esperanza de una mañana mejor.
Solo anhelo profundamente un amor genuino nacido en cada uno de los corazones de los mortales, que desaparezca toda hipocresía, envidia y amargura; que cada corazón se llene del amor de Dios, amándonos unos a otros y ayudándonos cada día a sobrellevar nuestras cargas, porque mejor son dos que uno.
Que en este nuevo año 2026 que apenas estamos empezando, nuestra gratitud se enfoque en que Dios puede resolver cualquier obstáculo en nuestras vidas, pero primero es necesario aceptar su voluntad y seguirlo fielmente. Repetir las mismas palabras del apóstol Pablo: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13).
Comienza desde hoy a practicar una actitud de gratitud primero a Dios y luego a la gente, y a todas aquellas personas que hacen algo por ti y descubrirás que una nueva luz iluminará tu sendero. Vivir agradecidos es una bendición de Dios. Todo lo que soy y todo lo que somos se lo debemos a nuestro Creador, quien nos brinda un nuevo amanecer en Su luz y así ver un nuevo despertar cada día. “Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto” (Proverbios 4:18).