NEW HAVEN. – “Nosotros estamos aquí para conmemorar un aniversario más de la abolición de la esclavitud en Puerto Rico, aunque debemos ser muy claros acerca del lenguaje que usamos hoy día; porque esto es una conmemoración, no una celebración”.
Con esas palabras abrió Juancarlos Soto, miembro de la junta de directores del Festival Puertorriqueño de New Haven, otra conmemoración más de la derogación de la esclavitud en el territorio borinqueño, ocurrida el 22 de marzo de 1873, en donde cerca de 30,000 personas fueron liberada del yugo español.
Juancarlos Soto, del Festival Puertorriqueño de New Haven, en la conmemoración del aniversario del fin de la esclavitud en Puerto Rico (foto NANDO)
“En ese día, finalmente la corona española optó por reconocer la humanidad de nuestros antepasados, solo para exigir tres años más de trabajo forzado como una supuesta transición,” remarcaba el principal orador en la conmemoración patriótica puertorriqueña, llevada a cabo el sábado pasado 21 de marzo en el primer piso de la Alcaldía de la ciudad de New Haven. “Nuestros antepasados fueron declarados libres, pero aún así, tuvieron que seguir atados a quienes fueron sus esclavistas. Esa libertad vino con condiciones; y esas condiciones fueron injustas,” remarcaba Soto.
Y eso fue cierto, ya que la historia dice que todos aquellos que “recibieron una supuesta libertad en esos momentos”, les fue requerido continuar trabajando para sus esclavizadores por un período de más de tres años, retrasando así su verdadera independencia hasta 1876.
“Nosotros no celebramos una ley que indemnizó a los esclavistas por su “pérdida de propiedad”, mientras dejaba a los recién liberados con nada más que la ropa que llevaban puesta y las cicatrices en sus almas.”
A renglón seguido, Juancarlos Soto, quiso compartir el legado de una de las heroínas favoritas de esa época, Josefa Antonia Falú, quien dejara un profundo legado de resistencia y libertad para su pueblo amado.
“Josefa -conocida en la historia y por sus descendientes como Mamá Toña-, fue esclavizada en Añasco. Vivió en un mundo donde sus pensamientos eran considerados peligrosos y su alfabetización era tratada como un crimen. En las horas silenciosas de la noche, aprendió a leer y escribir en secreto, enseñada por el mismo niño que ella fue obligada a criar.
Ella tomó el terror de su realidad y lo transformó en un arma: la educación. Una vez dijo que sentía en su corazón que moriría libre.
Años antes de que la ley cambiara, Josefa ahorró cada centavo que pudo para lograr lo impensable. Cuando nació su hijo, Julián, ella caminó hacia la pila bautismal y compró su libertad. Miró a su hijo recién nacido y tomó una decisión: las cadenas que terminaban en sus propios tobillos nunca tocarían los de él.
Julián creció hasta convertirse en un maestro de obras. Fue uno de los encargados de la construcción del Puente Dos Hermanos en San Juan. Cada vez que alguien cruza ese puente hoy, camina sobre los cimientos del sacrificio de una madre y el sueño de un futuro mejor que Mamá Toña cargó consigo.
Hoy reivindicamos a Josefa porque su historia nos recuerda quienes somos realmente”, terminaba diciendo Juancarlos Soto.
BOMBA Y PLENA
En el evento de aniversario de la abolición de la esclavitud en Puerto Rico, realizado en el llamado “City Hall” de New Haven, también participó el “Movimiento Cultural Afro-Continental (MCAC)”, una organización comunitaria sin fines de lucro, dedicada a preservar, enseñar y difundir la bomba y la plena borinqueña en Connecticut. Sus integrantes tocaron, danzaron y cantaron al son de los tambores, inyectando de alegría, patria y tradición a los presentes en la conmemoración de tan monumental hito de la historia de la isla caribeña.
Lo mismo ocurrió con la actuación de Carlos Cruz, y algunos de los integrantes del grupo de bomba puertorriqueño “Proyecto Cimarrón”, con base en New Haven. Carlos -también conocido como “El Príncipe del Verso Negro”-, aprovechó el momento para tocar y hablar acerca de la Marímba un instrumento de percusión de origen africano, el cual utilizó para acompañarse y declamar uno de los poemas más famosos de Don Fortunato Vizcarrondo, un profesor y poeta puertorriqueño de bastante arraigo popular, titulado “El Negro Borracho”.
Carlos Cruz, “El Príncipe del Verso Negro”, aportó ritmo, poesía e historia en la conmemoración de otro aniversario más de la abolición de la esclavitud en Puerto Rico.
Carlos Cruz, también pudo compartir con los presentes en este aniversario, las cadenas que les colocaban a los esclavos de la isla en esos tiempos, lo mismo que el instrumento de hierro con el cual eran brutalmente marcados.
___________
(En ediciones posteriores, estaremos brindándoles a ustedes amigos lectores, datos históricos relativos a la Marímba africana, y su papel en el devenir histórico de los ritmos afrocaribeños.)