Por Aníbal Brea
En este periodo marcado por conflictos no deseados por nadie y prácticamente insolubles, una de las consecuencias, y no la peor, es el incremento de la recurrente crisis de escasez de agua.
Suerte tienen quienes por vivir en determinadas favorables latitudes no se ven sometidos a esta calamidad que es la pobreza de las fuentes acuíferas, que afectan sensiblemente las condiciones de vida de más de 2,100 millones de personas, (o sea, una de cada cuatro personas), especialmente en áreas actualmente afectadas directamente por conflictos, ya sea en África o en el Medio Oriente.
En este último lugar, cabe destacar que, al disponer de enormes recursos materiales, algunos de esos países están mejor preparados, si se puede decir, que los países de África, para hacer frente al devastador fenómeno.
Agua hay mucha en el mar y ocupa el 70% del espacio de la tierra. El único gran problema es que su agua es salada y es ahí precisamente donde entra la importancia de las plantas de desalinización. En ese sentido, recuerdo hace mucho tiempo, al visitar la isla de Curazao (que sigue siendo posesión de Holanda), en la gira nos enseñaron una planta desalinizadora, lo que nos permitió comprender por qué el agua que consumíamos la sentíamos algo salobre, como suele ser el agua no desalinizada de algunos pueblos costeros.
Y decimos algunos porque en California o Florida, por ejemplo, se utilizan plantas desalinizadoras cuya construcción es muy costosa, unos 5 mil millones de dólares, suma que, por supuesto no está al alcance de muchos países pobres, especialmente en las áreas más afectadas por sequias y ausencia de fuentes acuíferas, como el Medio Oriente o África y en algunos lugares inesperados, como Chile, largo y estrecho país sometido a una larga sequía que ya dura 15 años, resultado, entre otros, de los denostados y bien reales efectos del cambio climático. Lo mismo con la europea Bélgica, afectada, además, por extensa densidad demográfica.
Según una Evaluación del estrés hídrico, efectivamente el Medio Oriente (Israel depende en un 60% de su consumo de agua desalinizada del Mediterráneo), la India, algunas partes de África y hasta algunos países de Europa, conforman el grupo de 25 países con mayores deficiencias de agua. Estados Unidos ocupa el lugar 53, o sea, que la situación de agua en este país no es particularmente crítica, excepto en algunas regiones.
Los países de la América Latina y el Caribe, con la excepción de Chile, México y Perú, gozan de relativa buena salud en lo que se refiere a las fuentes de agua disponibles, gracias a los efectos de la naturaleza, destacándose en especial Jamaica y Paraguay con el menor grado de estrés hídrico.
Ahora bien ¿y qué pasa con el problema dentro de los Estados Unidos? Depende de la ubicación dentro del vasto país y de cuales ríos proveen el agua necesaria. Tomemos el rio Colorado, que suministra el agua potable a unos 40 millones de personas, a lo largo de sus 2,300 kilómetros, a los estados de Utah, Arizona, Nevada, Nuevo México, California, Wyoming e incluso de varios estados mejicanos (Baja California, entre otros).
El problema es que el rio actualmente no tiene suficiente agua por las pocas nevadas y poca lluvia ocurrida en los últimos años. Y por suerte, hay lugares como San Diego, en California, que en los 90 construyó una enorme planta desalinizadora con miras al futuro. Y resulta y viene a ser, que apenas le han estado dando uso a una instalación que en la época costó más de mil millones de dólares. De manera que esos estados céntricos ya tienen de donde recibir agua, por la que deberán pagar, por supuesto. O sea, que ni tan mala idea fue en la época, dotarse de una planta de desalinización. Especialmente cuando es obvio que disponer de agua influye decisivamente en la agricultura, la industria y el turismo.
Hay, además, nuevas opciones que, gracias a la ciencia, se anuncian como salvadoras, y quizás, más asequibles para países con menos recursos. En estados Unidos, Arizona y Nevada han estado experimentando desde 2021 con plantas de reciclaje de agua ya desechada. Según la información ofrecida por el NY Times, la inversión de 6 millones de dólares, puede eventualmente purificar (limpiar) suficiente agra potable hasta para medio millón de personas.
Y ya, algunas ciudades latinoamericanas como Montevideo (Uruguay), Bogotá y Medellín (Colombia), reciclan más del 15% de sus residuos, lo que es bien importante, porque en su Informe What a Waste 2.0, el Banco Mundial reporta que en América Latina se generan diariamente al menos 430 mil toneladas de basura, lo que significa que en promedio cada latinoamericano produce entre uno y 14 kilogramos de estos residuos. Entretanto, en la región, por el momento sólo se recicla el 4.5%, frente al promedio mundial que es del 13.5%.
En resumidas cuentas, al momento de crearse el mundo, lo que se previó es que la propia naturaleza suministraría lo necesario al género humano; agua del cielo (lluvias), concentrada en ríos y lagos, para fertilizar la tierra y producir alimentos. Ese esquema ha tenido que lidiar con nuevas realidades que no necesariamente son negativas, como el crecimiento de la población mundial, el desarrollo de la industria, los esquemas contemporáneos de consumo, etc., pero también con situaciones indeseadas, como guerras.
De manera que cruzarse de brazos y apelar al Creador para que resuelva, no es una opción válida. La genialidad e inventiva con la que venimos dotados al mundo, es la que nos ayuda a superar retos que a veces parecen infranqueables, como el de la escasez de agua. Así ha sido desde que el mundo es mundo y así seguirá siendo. De manera que a seguir inventando para no quedarnos secos.