En principio, la vida debería ser más fácil a medida que pasa el tiempo. Tomemos el caso de las personas que pasan a la jubilación. Se supone que el término implica el retiro al descanso, no al eterno, sino al provisional después de abandonarse la vida laboral.
En realidad, es una falacia. La vida de la persona jubilada está llena de trampas, trampitas y ocupaciones. Hace poco me topé con una vecina de mi edificio quien por alguna vía se enteró de que me había jubilado (no tengo ese tipo de familiaridad con mis vecinos) y me invitó de una vez a ser parte de unas tres diferentes actividades para personas jubiladas. ¡Lo que me faltaba, yo que pensaba que ahora sí iba a descansar!
Y no es que uno sea tan despegado que rechace actividades sociales per se. Pero al menos uno aspira a organizar su propia vida post laboral. Eso me recuerda la anécdota del señor que, feliz por ser recién jubilado y descansar, al enterarse de todo el programa de su barrio para las personas jubiladas, volvió a su antigua oficina a pedir que le dejaran volver a trabajar….
En fin, esa es una de las características, ventajosas o no, de ser parte de una generación determinada, de hecho, la más antigua en lo que se refiere a supervivencia: y la más involucrada en el proceso del retiro: los Baby Boomers o nacidos entre 1946 y 1964. Somos los llegados al mundo después de la II Guerra Mundial y beneficiarios del boom económico consecutivo a ese terrible conflicto.
Aunque no sea realmente obligatorio, la mayoría de los Baby Boomers, que todavía es un segmento importante de la población del mundo (más de mil millones de personas de una población total de 8 mil millones), están rápidamente dejando de ser entes laboralmente muy activos.
Esa característica queda a cargo de las generaciones siguientes, como la denominada Generación X (de ahí en adelante a las nuevas generaciones se les reconoce por letras), que fue la que nació y creció en el contexto de uno de los periodos más peligrosos e interesantes: la Guerra Fría.
Su peligro radicaba en que era el enfrentamiento entre dos grandes potencias, Estados Unidos y la entonces Unión Soviética (actual Rusia), marcado por diferencias esencialmente económicas entre el libre mercado y la economía estatal. Había un ingrediente ideológico, pero era útil sobre todo para la contienda propagandística, una de cuyas mayores expresiones fue el auge de la tremenda popular novela de espionaje (el británico John Le Carre, entre los más leídos en el género).
Esa Generación X, cuyo crecimiento está tan vinculado a la revolución de las computadoras, fue obviamente testigo del final de ese periodo posterior a la guerra con la caída del famoso Muro de Berlín, expresión acabada de la separación entre dos concepciones del mundo, aunque en realidad, como dije antes, eran esencialmente diferencias en cuanto al manejo de la economía.
Luego le llegó el turno a la Generación del Milenio, conocida también como Generación Y, muy numerosa ya que llega casi a los 2 mil millones de personas, ¿indicativo de que se vivía una etapa en la que no había tanta preocupación con la demografía? Probablemente se debe a que como cada vez somos más, el crecimiento es exponencial.
Eso queda confirmado con la Generación Z, que es la siguiente y cuyo número sobrepasa los 2 mil millones de personas, pese a que vivimos en una época de muy baja natalidad en el mundo desarrollado, compensada por altos niveles “procreativos” en el mundo en desarrollo. Esos altos niveles son los que garantizan que, aunque las desigualdades son crecientes, la pobreza es menor que en los años 80.
Pero volviendo a la Generación del Milenio, se le conoce también como la de los “nativos digitales”, al ser los primeros beneficiarios del paso masivo de lo analógico a lo digital, lo que significa obviamente mayor facilidad para procesar información. Naturalmente, la gente de esa Generación del Milenio está mejor preparada que las anteriores, sobre todo de la “Boomers”, para sacarle provecho a esos cambios revolucionarios.
Y si ese es el caso de los nacidos tan relativamente recientemente, ni imaginarse las ventajas que reciben quienes son parte de la Generación Alfa, que son los nacidos en estos días, por decirlo de alguna manera. Es, ni más, ni menos, la generación tecnológica por excelencia. ¡Solo hay que imaginarse lo que sería de esta “pobre” juventud si se viera sin celulares, tabletas u otros artilugios similares!
Eso no tiene nada de negativo; les toca enfrentarse al mundo con otro tipo de recursos, diferentes a los que no tocó a quienes llegamos antes. No es ni mejor, ni peor, es diferente. Porque si es posible el acceso a tantos recursos en nuestros días, eso se debe, en buena medida, a las investigaciones de las generaciones anteriores, incluyendo a las generaciones anteriores a los Boomers.
No se trata pues del enfrentamiento generacional, sino del hilo conductor que ha llevado al mundo, desde la imprenta y el teléfono, hasta el avión, la salvadora penicilina o lo que más nos ocupa hoy, el Internet.