HARTFORD.- Miles de trabajadores, inmigrantes, estudiantes y miembros de la comunidad llenaron las calles de Hartford el viernes 1 de mayo, encabezando lo que los organizadores califican como la movilización del Primero de Mayo más grande en Connecticut en décadas. Esta acción sirvió como eje central de una jornada de protesta a nivel estatal que abarcó Hartford, New Haven y Willimantic, como parte del movimiento nacional “May Day Strong” y que se fijó en abogar por que salga la empresa “Palantir”, quien ofrece tecnología al Estado para que utilice ICE
Situada en el centro de la movilización, Hartford fungió como el principal escenario de acción política, donde los trabajadores exigieron poner fin a la formulación de políticas impulsada por multimillonarios y reclamaron inversiones urgentes en vivienda, atención médica, educación y justicia para los inmigrantes.
La jornada comenzó en Hartford con una acción matutina frente a las oficinas del ISAP (Intensive Supervision Appearance Program” ( Programa de comparecencia bajo supervisión intensiva)), donde los participantes corearon: “Detengan a Palantir”. Desinviertan ahora”, exigiendo que los funcionarios estatales y federales rompan sus vínculos con la tecnología de vigilancia utilizada en la aplicación de las leyes de inmigración.
“Palantir representa un sistema en el que las comunidades inmigrantes son rastreadas, criminalizadas y canalizadas hacia redes de detención con fines de lucro”, declaró Mel Cyr, copresidente de la rama de Hartford de los Socialistas Democráticos de América en Connecticut (DSA). “Estamos aquí para decir con claridad: nuestras comunidades no son meros puntos de datos para los sistemas de deportación”.
Más tarde esa misma mañana, cientos de personas se congregaron en el Bushnell Park para participar en un mitín y una marcha con motivo del Primero de Mayo, donde líderes sindicales y organizadores comunitarios centraron sus demandas en la obtención de contratos justos, salarios dignos y un presupuesto estatal que refleje las necesidades de la clase trabajadora.
“Nosotros somos las personas que mantienen este estado en funcionamiento”, afirmó Esther Alcántara, líder y miembro de *Make the Road Connecticut*. “Sin embargo, cada año se nos dice que no hay fondos suficientes para la vivienda, ni para la atención médica, ni para las escuelas, mientras los multimillonarios continúan incrementando su riqueza. Esa es una decisión política, y estamos aquí para cuestionarla”. «Los datos son claros: las personas trabajadoras en Connecticut están pasando por más dificultades hoy que hace años», afirmó Benjamín Huaracha, líder juvenil de Make the Road Connecticut, quien participó en la entrega. «Estamos presenciando un aumento en la inseguridad habitacional y alimentaria, así como un menor acceso de las personas a la atención médica y al transporte que necesitan. Estos no son problemas aislados; son el resultado de decisiones políticas”.
“Se nos está expulsando de nuestras comunidades, de nuestras escuelas y de nuestros sistemas de apoyo. Cada desalojo desintegra familias y empuja a más personas hacia la inestabilidad y la calle. Pero hoy decimos: ¡basta ya! La vivienda es un derecho humano, no un negocio construido sobre nuestra necesidad de dignidad y supervivencia”, declaró Rosalina Rojano, miembro de Make the Road Connecticut y de la campaña Just Cause. “Hacemos un llamado claro a nuestros funcionarios electos: escuchen a su pueblo, actúen con justicia y responsabilidad, pues para eso fueron elegidos. Nosotros, la clase trabajadora, somos quienes sostenemos este estado. Y seguiremos organizándonos hasta que ninguna familia tenga que vivir con el temor de perder su hogar».
“Por eso luchamos. Para quienes no nos conocen, el objetivo de HUSKY 4 Immigrants es claro: garantizar que todas las personas de bajos ingresos en nuestro estado tengan acceso al seguro de salud HUSKY, independientemente de su estatus migratorio. La salud no es un privilegio para unos pocos; es un derecho humano, señaló Delfina Anrango, en representación de la coalición HUSKY for Immigrants.
“Este es un momento histórico, no solo para nosotros, sino para el movimiento laboral de Connecticut en su conjunto. Pero permítanme ser clara: no llegamos hasta aquí de la noche a la mañana. Fueron necesarios siete años de persistencia, organización y determinación para sindicalizar a cerca de 300 trabajadores. Y es precisamente mediante esa misma tenacidad que nosotros, el pueblo, construiremos un Connecticut para el pueblo”, afirmó Nika Hyde, trabajadora de Rest Stop Plaza y miembro del sindicato 32BJ SEIU.
Del mismo modo en que los trabajadores de las áreas de descanso exigieron salarios justos y un trato equitativo, nosotros debemos exigir a nuestros legisladores que se esfuercen al máximo para brindar a los residentes de Connecticut una vida digna. Eso implica gravar a los ultra-ricos para recaudar los ingresos que el estado necesita para construir un Connecticut que funcione para todos, y para apoyar a las comunidades más duramente golpeadas por la administración Trump. Porque, por si lo han olvidado, nuestra legislatura trabaja para nosotros —el pueblo—, y no para la clase de los millonarios y multimillonarios. Y debemos recordárselo hoy, y todos los días.
“No nos encontramos en un terreno desconocido; ya hemos estado aquí antes. Ya nos hemos visto acorralados contra la pared en el pasado, y en el pasado hemos triunfado y logrado recuperarnos. Es nuestro momento de recuperar el equilibrio, de construir y de prepararnos para hacerlo realidad una vez más”, afirmó Eric Cruz López, de CT Students for a Dream.