Algunos jóvenes se expresan de la siguiente manera, ¿Qué haremos con todos estos viejos? En cambio, algunos de los llamados viejos dicen, ¡esta juventud no sirve para nada! En otras palabras, desacuerdo que, de todas maneras, no es compartido ni por todos los jóvenes, ni por todos los viejos, pero, la realidad es que no todas las sociedades saben lidiar con esta inevitable variable. Por supuesto, esta temática solo nos interesa realmente a quienes ya nos “graduamos”.
Hace poco, Juan Manuel Serrat, que es un gran artista y ya también viejo con sus 82 bien cumplidos, se refería al tema con cierto dejo de amargura. Claro, para una figura de su envergadura, pasar a un plano que ya no es el primero, resulta duro, especialmente si, como quizás es el caso, cuando se le “ningunea” en escenarios en los que, por su gran calidad artística, reinó durante varias décadas.
Por supuesto, no todos los jóvenes piensan o actúan de manera ofensiva para con los mayores. Tómese el caso de los llamados capitanes de industria, o sea, los empresarios. Muchos de ellos saben utilizar a fondo ese caudal y eso hacen, buscándole espacios a esa reserva permanente.
Quizás en las culturas asiáticas el proceso de seguir sacando provecho a la experiencia de la Tercera edad para la formación de la generación siguiente sea más natural que en otras latitudes. Pero lo real es que esa relación entre la tercera generación y la generación que sube puede ser muy provechosa: unos conocen la vida, sus ventajas y peligros por experiencia propia, los otros aun tienen que recorrer ese camino y ¿Qué mejor ventaja que tener cerca a alguien que ya lo recorrió y lo ofrece, de gratis?
De ahí la importancia del “abueleo” para los jóvenes que tienen la suerte (¡sí señor, la suerte!) de ser nietos o nietas, porque el “abueleo” es de doble género. Y tiene la incomparable ventaja de que en general no interviene el autoritarismo que normalmente caracteriza la relación entre padres e hijos, pero si las manifestaciones de total entrega que es la norma en abuelos y abuelas.
Pero, en fin, de lo que se trata es de hacer provechosa para ambas partes lo que le queda de vida a la tercera generación y lo mucho que aun le falta por vivir a los más jóvenes, proceso en el que ambas partes arrancan con sus ventajas. Los viejos mostrando todo lo aprendido y los jóvenes aprovechando esa circunstancia para tropezar lo menos posible.
Y los jóvenes, ayudando con sus innegables conocimientos de la tecnología, que les ayuda no solo a ellos, sino a los mayores. Aparte, por supuesto, que, a la hora de las cargas físicas pesadas, la juventud es de necesidad vital. Es que, para los mayores, ese hueco tecnológico, que a muchos se les antoja inalcanzable y que les deja atrás, es motivo de frustración, aunque sea pasajera.
Obviamente que la relación puede ser y es beneficiosa, a partir de que ambas partes tengan la necesaria flexibilidad, particularmente la gente de la tercera edad. De los más jóvenes no se puede esperar siempre que entiendan y acepten las virtudes, por ejemplo, de la paciencia o de la seguridad de la estabilidad material. La juventud es, por supuesto arrojada y hasta temeraria, pero también puede ser más flexible.
A la luz de esas diferencias, que no son antagónicas, pero molestas, siempre queda el recurso del humor. En ese departamento, en general es iniciativa de los mayores, ya “vacunados” frente a muchos de los contratiempos de la cotidianidad, por decirlo de alguna manera. Como poseen el sentido de la paciencia y, sobre todo, de la prudencia, los mayores tienen mayor facilidad para evadir las situaciones potencialmente explosivas. Precisamente, gracias al humor, los mayores soportan mejor las ironías, las que, pueden ser difíciles de tragar para muchos jóvenes. Igualmente, como a los “viejos” les gusta hablar de su vida, lo que puede ser asaz aburrido para un publico joven, nada mejor que rodear el episodio de humor, recurriendo a la inventiva necesaria para rodear el episodio de situaciones que bordeen el absurdo. Ese recurso es particularmente útil cuando se trata de abuelos haciéndole cuentos o historias a los nietos.
Eso sí, cuando los mayores van a hacer cuentos deben cuidarse de frases del tipo “tu eres muy joven y no lo entiendes”, lo que le quita todo sentido al intento. Es mejor pretender lo contrario, “ustedes los jóvenes de ahora, se las saben todas”. La que es una de las mejores introducciones para intercambiar con los más jóvenes, porque es evidencia de que, efectivamente. los mayores “se las saben todas”. Como dice el refrán “El diablo sabe más por ser viejo que por ser diablo”.