El tomate es uno de los alimentos más habituales de la dieta mediterránea y puede tener un papel interesante dentro de una alimentación cardiosaludable. El cardiólogo Aurelio Rojas destaca especialmente su contenido en licopeno y explica que, para aprovechar mejor este compuesto, conviene consumirlo cocinado y acompañado de una grasa saludable.
Rojas diferencia entre los nutrientes que se comportan mejor en crudo y los que ganan disponibilidad con el cocinado. La vitamina C, por ejemplo, es sensible al calor y puede reducirse con cocciones prolongadas. En cambio, con el licopeno ocurre lo contrario: el calor ayuda a liberar este antioxidante de las estructuras celulares del tomate.
El especialista señala que una mayor ingesta de tomate o unos niveles más altos de licopeno se han asociado con un menor riesgo de determinados problemas cardiovasculares. Entre sus posibles beneficios, destaca su capacidad para contribuir a reducir la oxidación del colesterol LDL y favorecer una mejor función vascular.
La clave está en que el licopeno es un compuesto liposoluble, por lo que su absorción mejora cuando se consume junto a una fuente de grasa. Por eso, el cardiólogo recomienda combinaciones tan habituales como tomate cocinado con aceite de oliva, una fórmula muy presente en la cocina mediterránea.
Además, el calor del cocinado ayuda a romper las estructuras del tomate que contienen licopeno, facilitando que el organismo pueda absorberlo con mayor facilidad. Si a esto se añade aceite de oliva virgen extra, la combinación resulta especialmente interesante por el propio perfil nutricional de esta grasa vegetal.
Por tanto, una salsa de tomate casera o un tomate cocinado suavemente con aceite de oliva pueden ser buenas opciones dentro de una dieta equilibrada orientada a cuidar el corazón. La recomendación de Rojas no pasa por elegir entre tomate crudo o cocinado, sino por entender que cada preparación permite aprovechar mejor distintos nutrientes.