Por Carlos A Torre
Todo niño y toda niña de New Haven merece asistir a una escuela segura, saludable, limpia, funcional y propicia para el aprendizaje. Todo maestro, toda maestra y todo miembro del personal escolar merece lo mismo. Cuando se informa sobre moho, techos con filtraciones, sistemas de calefacción o refrigeración que no funcionan adecuadamente, baños deteriorados, infiltraciones de agua u otras deficiencias graves en nuestras escuelas, esas situaciones deben preocuparnos a todos y deben atenderse con prontitud.
Pero la rendición de cuentas también requiere conocer la historia.
Escribo sobre este asunto con un sentido particular de responsabilidad. Serví en la Junta de Educación de New Haven, incluso como su presidente, durante un período extraordinario en el que la ciudad emprendió uno de los programas de construcción y reconstrucción escolar más ambiciosos de Connecticut. A partir de mediados de la década de 1990, New Haven inició lo que llegó a convertirse en un esfuerzo de aproximadamente 1.500 millones de dólares para renovar o reconstruir prácticamente toda su infraestructura escolar. Para 2013 se habían completado 37 proyectos escolares mediante el programa, y proyectos posteriores acercaron aún más la iniciativa a su objetivo original.
Fue un compromiso enorme por parte de la ciudad y del estado y, sobre todo, una inversión en los niños y niñas de New Haven.
Muchos de quienes participamos en aquel trabajo creíamos profundamente que los entornos físicos en los que aprenden los niños importan. Los edificios transmiten mensajes. Una escuela hermosa y bien mantenida les dice a los niños que ellos importan, que la educación importa y que la comunidad considera que su futuro merece inversión.
Pero hay una lección igualmente importante que debemos recordar hoy:
Construir no es preservar.
Una escuela reconstruida “como nueva” no permanece nueva para siempre.
Los techos se deterioran. Los sistemas de calefacción y refrigeración envejecen. Las tuberías se corroen. Las ventanas y sus sellos fallan. La mampostería requiere atención. Los sistemas de drenaje se deterioran. Los equipos mecánicos llegan al final de su vida útil. La tecnología se vuelve obsoleta. Incluso el edificio mejor diseñado y mejor construido comienza a envejecer desde el momento en que abre sus puertas.
Por eso, reconstruir las escuelas nunca fue, ni podía haber sido, el final de nuestra responsabilidad. Fue el comienzo de otra responsabilidad: mantenerlas.
Por lo tanto, las preocupaciones que actualmente se plantean sobre las instalaciones escolares de New Haven son serias. Este verano, integrantes del Comité de Educación de la Junta de Concejales expresaron preocupación por las condiciones observadas en varias escuelas, entre ellas moho, filtraciones, problemas con los sistemas HVAC, temperaturas inadecuadas, baños y otros asuntos de mantenimiento y seguridad. Maestros y miembros del personal también han descrito públicamente preocupaciones relacionadas con el calor y con las condiciones de los edificios.
Esas preocupaciones no deben minimizarse ni politizarse.
Pero tampoco debemos suponer que la persona que ocupa la superintendencia cuando se hace visible una condición de deterioro necesariamente creó esa condición.
La Dra. Madeline Negrón asumió como superintendente de las Escuelas Públicas de New Haven el 1 de julio de 2023. Muchos de los edificios que hoy requieren una atención significativa fueron construidos o reconstruidos muchos años antes de su llegada.
Esta distinción importa.
Un techo que necesita ser reemplazado en 2026 no comenzó a deteriorarse en 2026. Las filtraciones de agua, el envejecimiento de los sistemas mecánicos, la ventilación inadecuada, el deterioro de la mampostería y las reparaciones de capital aplazadas generalmente se desarrollan a lo largo de años. Comprender cómo el distrito llegó a sus circunstancias actuales requiere, por tanto, algo más sustancial que identificar quién ocupa hoy la superintendencia.
Requiere examinar la propia historia del mantenimiento.
¿Qué calendarios de mantenimiento preventivo se siguieron durante los últimos 15 o 20 años? ¿Qué reparaciones fueron recomendadas pero pospuestas? ¿Qué mejoras de capital recibieron fondos y cuáles no? ¿Qué sistemas de órdenes de trabajo existían? ¿Qué inspecciones se realizaron? ¿Cuál era el estado de los principales techos, sistemas HVAC, tuberías, sistemas eléctricos y envolventes de los edificios hace cinco, diez o quince años? ¿Qué responsabilidades se asignaron a contratistas, empleados del distrito, el gobierno municipal y las distintas administraciones que se sucedieron?
Estas son preguntas legítimas y deben ser respondidas.
Esto no significa que la superintendente actual o la Junta de Educación deban quedar exentas de rendir cuentas. Todo lo contrario.
Una superintendente debe rendir cuentas por la forma en que se atienden los problemas bajo su liderazgo. Pero eso es distinto de asumir que es responsable de haber creado todos los problemas que heredó.
La medida apropiada debería ser sencilla:
¿Qué condiciones heredó la administración actual?
¿Qué sabía y cuándo lo supo?
¿Qué ha hecho respecto de esas condiciones?
¿Qué permanece sin resolver?
¿Y qué sistemas está estableciendo para evitar que continúe el mismo deterioro?
Hay indicios de que el distrito reconoce que su propio sistema de gestión de instalaciones requiere cambios. La gestión de las instalaciones había estado externalizada desde 2022. Este año, el distrito comenzó a avanzar hacia la reconstrucción de una capacidad interna de gestión de instalaciones, señalando que el cambio podría mejorar la supervisión y reducir la dependencia de contratistas privados. En agosto, la Junta de Educación aprobó por unanimidad un nuevo puesto de director de instalaciones como parte de esa transición.
El distrito también ha reconocido importantes necesidades de capital a largo plazo. En 2025, la superintendente Negrón identificó posibles proyectos que incluían nuevos techos en varias escuelas, reemplazos y mejoras de sistemas HVAC, la restauración de la piscina de Wilbur Cross y mejoras tecnológicas críticas.
Estas medidas no eliminan los problemas existentes. Tampoco deberían impedir un escrutinio legítimo.
Sin embargo, sí proporcionan un contexto importante para evaluar la respuesta de la administración actual.
New Haven necesita ahora superar el ciclo recurrente de descubrir un problema, repararlo y esperar a que aparezca el siguiente.
Lo que necesitamos es un Plan Integral de Custodia y Conservación de las Instalaciones Escolares.
Primero, cada escuela de New Haven debería someterse a una evaluación rigurosa e independiente de sus instalaciones, utilizando criterios uniformes. Deben evaluarse los techos, los sistemas HVAC, las tuberías, los sistemas eléctricos, las ventanas, las envolventes de los edificios, la calidad del aire interior, la accesibilidad, los sistemas de seguridad y otros componentes importantes de la infraestructura.
Segundo, los resultados deberían presentarse de manera comprensible y accesible para el público. Cada escuela debería contar con un perfil del estado de sus instalaciones que identifique las necesidades inmediatas, los proyectos requeridos durante los próximos años y los reemplazos de capital previstos a largo plazo.
Tercero, el distrito debería establecer un verdadero programa de mantenimiento preventivo. No deberíamos saber solamente qué se rompió ayer, sino también qué es probable que falle dentro de tres, cinco o diez años.
Cuarto, New Haven debería desarrollar un plan plurianual protegido de inversiones de capital para las instalaciones escolares. Una ciudad y un estado que invirtieron aproximadamente 1.500 millones de dólares en reconstruir estas escuelas tienen un poderoso interés financiero en proteger esa inversión.
Finalmente, debería publicarse un informe anual sobre las instalaciones, presentado conjuntamente por el distrito escolar y las agencias municipales correspondientes, que detalle qué trabajos se completaron, cuáles permanecen pendientes, cuánto se gastó, qué se ha aplazado y qué sistemas importantes de los edificios requerirán atención en los años siguientes.
De hecho, las Escuelas Públicas de New Haven ya han comenzado a discutir otro análisis de instalaciones a nivel distrital destinado a producir un plan de mantenimiento a más largo plazo, mientras que dirigentes de la Junta de concejales han cuestionado, comprensiblemente, cómo se relacionará ese trabajo con un importante estudio de instalaciones realizado en 2024. En lugar de encargar estudios que terminen olvidados en algún estante, la ciudad debería construir un sistema permanente que convierta las evaluaciones de instalaciones en calendarios, presupuestos, asignaciones de responsabilidad y resultados públicamente medibles.
Aquí hay suficiente responsabilidad para ser compartida sin convertir el mantenimiento escolar en una búsqueda de una sola persona a quien culpar.
Quienes participamos en la reconstrucción de las escuelas de New Haven también debemos reconocer algo importante: la responsabilidad de nuestra generación no terminó cuando se cortó la cinta inaugural.
Construimos esas escuelas para las generaciones futuras.
La responsabilidad de las administraciones posteriores, las Juntas de Educación, los gobiernos municipales, los profesionales encargados de las instalaciones y la comunidad fue, y sigue siendo, preservarlas.
Por lo tanto, la superintendente Negrón debe ser evaluada de manera justa, tomando en cuenta las condiciones que heredó, los problemas identificados durante su administración, las medidas adoptadas en respuesta y los sistemas que establezca para el futuro. El mismo criterio debería aplicarse a toda persona que ocupe la superintendencia y a todo funcionario público a quien se le confíen nuestras escuelas.
Nuestros niños no ganan nada con las discusiones sobre quién merece la mayor parte de la culpa.
Sí ganan cuando los adultos reconstruyen la historia con honestidad, aceptan la responsabilidad donde corresponde, corrigen lo que debe corregirse y crean estructuras que impidan que los mismos problemas vuelvan a repetirse.
Hace veinte años, New Haven demostró que podía emprender algo extraordinario: reconstruir prácticamente todo un sistema escolar urbano.
Nuestro desafío de hoy es diferente, pero no menos importante.
Reconstruimos las escuelas. Ahora debemos demostrar que sabemos cuidarlas.