La vida no es fácil para los medios de prensa tradicionales, sin que el término sea en ningún caso reductor. Bien al contrario. En nuestros días en que está uno acostumbrado a lidiar con tanta información, nada más seguro, al menos para una amplia franja del público consumidor de noticias, que la veracidad que proveen los medios tradicionales.
Pero no es tarea cómoda para esos medios, como el que tiene el amable lector en sus manos, la de proveer información fiable y así contrarrestar los confusos efectos de la multitud de fuentes, muchas de los cuales supuestamente informativas, que inundan las redes. La competencia es brutal, porque la mayoría de esas fuentes, además de ser de acceso gratis, difunden las más inverosímiles y atractivas historias.
La gravedad de la situación se expresa no porque los medios tradicionales no conquistan suficientes nuevos lectores, o sea, generan menos dinero, sino porque todo ese proceso va en desmedro de la calidad de la información. Hasta no es de extrañar que algunos de esos medios tradicionales, con tal de no perder vigencia, a veces compiten con las llamadas fuentes virtuales.
Competir en ese terreno es arduo, pues la Inteligencia artificial pone en manos de todo ese mundo virtual, recursos inesperados, ya sean imágenes, videos o textos que, aunque de naturaleza frecuentemente falseada, le hacen la vida bien difícil a quienes tratan de bregar solamente con los hechos, con lo más próximo a la verdad. Y precisamente, la relatividad de la verdad, es la que facilita el rejuego.
Un medio de información tradicional está obligado a regirse por ciertas normas. De sobrepasar límites establecidos, se puede ver forzado por la justicia a pagar “por daños y perjuicios”. O verse sometido a los tribunales por alguien que se considere agraviado lo que, en algunos casos puede significar realmente problemas.
Sin duda que los avances de la tecnología, en cierta medida pueden hacer la vida más llevadera para la generalidad. También lo es para quienes se dedican a la promoción de noticas falsas e inquietantes. Porque ¿Quién no ha visto ya supuestas explosiones en lugares emblemáticos? ¿o figuras políticas importantes haciendo declaraciones absurdas? Todo eso, y más, es posible gracias a las facilidades que ofrece la denominada IA.
Naturalmente, no todos le medios virtuales, que están fuera del circuito establecido, se dedican a promover falsedades. Todo lo contrario. Pero en eso radica el problema “despajar la paja del buen grano”, porque puede ocurrir, y ocurre, que algunos de esos medios, a fuerza de audacia, logran recoger testimonios o captar gráficamente situaciones que no siempre están al alcance de los medios formales.
De hecho, ciertas de esas fuentes generadas a través de esos llamados medios informales son utilizadas por grandes medios de prensa los que, naturalmente, utilizan recursos “humanos” (de carne y hueso), para confirmar su veracidad. Eso quiere decir, que no se puede afirmar que todos esos contenidos son reales o falsos.
El tema de la veracidad o no de esas fuentes “alternativas” es particularmente importante en periodos álgidos, como los que se viven actualmente. Vidas humanas están actualmente en juego en lugares que podríamos calificar de “tormentosos”. Este tipo de situaciones exigen una mayor responsabilidad de parte de los medios. Es la norma en la mayoría de la prensa tradicional y lo ideal es que lo fuera en el contexto de las fuentes alternas.
Lamentablemente, algunas de esas fuentes alternas son utilizadas por quienes están envueltos en algunos de los actuales conflictos bélicos que tanto afectan la vida diaria de la gente, en prácticamente todo el mundo.
Pero hay que reconocer, al mismo tiempo, que muchas de esas fuentes alternas, están llenando el inevitable vacío informativo, resultado de la imposibilidad material de los medios tradicionales (llámense agencias de prensa o periódicos) de estar presentes en lugares y situaciones de alta peligrosidad.
Así, en los recientes conflictos que afectaron a la población de Gaza, por ejemplo, fueron periodistas a veces improvisados que viven en el lugar, quienes se ocuparon de informar de lo que allí ocurría. Sin hablar de que se ocupan de actualizar las situaciones sobre el terreno a diario. Esa es una de las fuentes en las que, a menudo, se apoyan los medios tradicionales. Además, ayuda a evitar que el conflicto o la situación, caiga en el olvido o desinterés. Quizás en contextos más estables y pacíficos, el papel de esos medios pierda importancia, pero, por el momento, deben ser considerados no rivales, sino mas bien, colaboradores espontáneos.
En otras palabras, pese a la aparente rivalidad, es posible y deseable la coexistencia fructífera entre ambos medios, en aras de que los comunes de los mortales sepamos efectivamente lo que pasa en este mundo y en estos tiempos turbulentos.