Por Maricarmen Godoy
NORWALK.- La misa dominical del mediodía en español después del Domingo de Pascua, celebrada en la iglesia de Saint Mary (Santa María), no sólo estuvo llena de devoción y fe sino de una feligresía especial que le atrae los rezos y cánticos en latín, encerrándose en una espiritualidad inusual que transporta a la época antes del Concilio Vaticano donde guardar la forma y la tradición es parte necesaria de los rituales religiosos.
La misa del mediodía, aunque se anuncia como una celebración en español, trajo varias oraciones en latín, incluyendo la Coronilla del Señor de la Divina Misericordia y la forma de colocarse dando la espalda a los fieles del Padre Ringley y del diácono Genovese, a la hora de la consagración del pan y del vino, mientras el incienso se esparce en un diámetro que llena la iglesia.
También la tradición fue conservada cuando los dos celebrantes leyeron el Evangelio e hicieron la prédica no en el Altar Mayor sino en el ala derecha en una de las naves de la iglesia. Y donde el P. Ringley contó a sus fieles que el domingo después de Pascua antiguamente era llamado como el “domingo bajo”, porque el Domingo de Pascua era el Domingo Mayor donde se celebra la Resurrección de Jesús, hecho fundamental en la fe cristiana porque valida su divinidad, asegura el perdón de los pecados y garantiza la vida eterna para los creyentes.
En el Boletín Semanal y en la prédica el P. Ringley habló sobre la devoción a la Divina Misericordia, que fue introducida por Sor Faustina Kowalska, una monja polaca canonizada el 11 de abril de 2000 por el Papa Juan Pablo II, quien luego instituyó que el domingo después de la Pascua de Resurrección se celebre al Señor de la Divina Misericordia.
Faviola Espinoza, nativa de Cuenca-Ecuador, es una de las feligreses que seguía la misa dominical con total devoción. Ella, tiene treinta años viviendo en Norwalk desde el día que llegó de su natal Ecuador y desde ese momento es parte de la iglesia de Santa María.
Faviola, así como cientos de feligreses no abandonaron la parroquia hacia finales de los años 90 cuando el Padre Mark introdujo poco a poco la tradición de la iglesia seguida al pie de la letra antes del Concilio Vaticano II, donde el latín, los cantos gregorianos y los ritos de la misa eran los procedimientos a seguir día con día y no las celebraciones en lenguas vernáculas ni cantos acorde a los nuevos tiempos.
Para Faviola, quien tiene un hijo con capacidades especiales con un autismo severo y epilepsia, la forma tradicional de los ritos de su parroquia le han ayudado a conectarse con su espiritualidad de mejor manera y le ha permitido entablar una relación estrecha con la iglesia porque el Padre Ringley, personalmente acude a su domicilio y da la comunión y bendice semanalmente a su hijo. “¿Si no me apoyo en mi Dios?, ¿En quién me voy a apoyar?. Necesito seguir siendo parte viva de la iglesia y el latín y las tradiciones me permiten creer que Dios está aquí conmigo”.
Gloria Carmona, colombiana, con décadas en Norwalk, también es parte de la iglesia. Ella, espera con ansias la misa de diez o la del mediodía para sumergirse en los rezos en latín y seguir el canto llano gregoriano. “No entiendo todo lo que dicen pero me recuerda cuando en Colombia rezábamos y cantábamos “Santa María, Madre de Dios, ¡Santa Virgen Regina!, ¡Ora!, ¡Ora!, pro nobis. Benedictus, benedicta… ¡Ora!, ora…”.
Doña Carmen Arrata, natural de Costa Rica, es feligrés de Santa María desde hace cuarenta años y es parte del Ministerio de Bienvenida, afirmó que es “feliz siendo parte de la fe y las tradiciones. Fe católica inculcada por sus abuelos y sus padres”. E igualmente, los padres de Amelia Chocó, una bebé de siete meses, también dijeron sentirse afortunados de ser miembros de la parroquia y pidieron una bendición especial para su pequeña hija, de sangre peruana-guatemalteca.