“Tus brazos siempre estuvieron abiertos cuando necesitaba un abrazo. Tu corazón entendía cuando necesitaba un amigo. Tus dulces ojos eran severos cuando necesitaba una lección. Tu fuerza y amor me han guiado y me han enseñado a volar”
Durante el invierno frío todos esperamos con ansias el inicio de la primavera, máximo en esos días en que la blanca nieve no deja de caer, en esos días oscuros donde la densa neblina cubre el sol en su totalidad, y nos tenemos que abrigar tanto con esa ropa pesada e incómoda de invierno para poder salir a esas calles donde los árboles parecen muertos, sin una hoja mucho menos una flor. Pero al fin el frío y la neblina poco a poco empieza a desvanecerse, mientras caen las primeras lluvias del año, y se ven los primeros brotes verdes en los árboles; la primavera a llegado, los árboles se tornan verdes y se llenan de flores por doquier.
En el mes de mayo, cuando estamos en lo mejor de la primavera, se celebra el día de la mejor y más hermosa flor de primavera, a la que es la dadora de la vida, esa flor que brilla a pesar de la densa neblina, esa flor que se desgasta por fuera pero que su corazón siempre florece de amor; y esa flor es nuestra madre. Y por ello, que hoy quiero rendir homenaje a todas ellas.
Las madres son el comienzo de la vida, la protección, la alegría y la esperanza. Ser madre no significa solamente criar y satisfacer las necesidades de sus hijos. Representan el amor y apoyo incondicionales en su desarrollo como personas.
Los primeros roces, los primeros olores, las primeras voces que escuchamos vienen de la madre; nos formamos dentro de su vientre, y así continúa. Toda la etapa uterina queda en nuestros registros más internos, pero en nuestras primeras experiencias y las más primarias está el contacto con la madre, con quien nos formamos. Es la persona que está más cerca para acompañarnos a través de toda la trayectoria vital. La madre es la que nos cuenta la vida, cómo es la vida, la que nos traduce el mundo, la que nos va armando y organizando los recuerdos que tenemos de la infancia.
Cuando somos pequeños vemos en una madre a una heroína que todo lo puede, que con su fuerza nos protege y que con su sabiduría nos guía. Pero a medida que vamos creciendo nos vamos dando cuenta que no sólo todo lo puede, sino que, además, es la luz que ilumina nuestro camino.
En un momento de la vida nos damos cuenta de que una madre también tiene sentimientos, y que sufre como nosotros; y entonces, sentimos empatía por todo el daño que quizá le hayamos causado sin tan siquiera darnos cuenta de que ella, también llora. Pero sus lágrimas son de fuerza, valentía y coraje… Unas lágrimas que sin duda deben ser consoladas con el amor incondicional de sus hijos.
Su experiencia le hace tener sabios conocimientos acerca de la vida, sin necesidad de tener una carrera ni de haber estudiado un máster. Su inteligencia es la más valiosa que existe para nuestros corazones de hijos. Ella sabe cómo llevarnos a la felicidad en el momento más oscuro y también sabe perfectamente cómo reconfortarnos en los momentos más complicados.
Pero, en un momento de la vida, nos damos cuenta de que una madre también tiene sentimientos y que sufre como nosotros y, de repente, sentimos empatía por todo el daño que quizá le hayamos causado sin tan siquiera darnos cuenta de que ella, también llora. Pero sus lágrimas son de fuerza, valentía y coraje…, lágrimas que sin duda deben ser consoladas con el amor incondicional de sus hijos.
Eres una mujer decidida, emprendedora, valiente y guerrera; no necesitas compañía para sacar adelante a tu familia; eres una mujer llena de virtudes que deslumbra fortaleza por dondequiera que tú vas, que luchas a costa de lo que sea y contra quien sea, con el fin de sacar adelante a tus queridos hijos.
Muchos tienen a su madre viva, pero no la valoran; otros la tienes lejos y desearían tenerla cerca, y otros, lamentan en el vacío de su soledad la falta que les hace aquella mujer, que estuvo con ellos a sol y sombra, pero que desafortunadamente, ya ha partido a la eternidad.
El Día de las Madres, que se celebra en este mes, me produce sentimientos encontrados. Considero conmovedor hacer una pausa para rendir homenaje al vínculo materno —quizás el más fuerte que uno establece a lo largo de la vida—, reconocer el esfuerzo de esa mujer admirable que, además de parirnos, nos alimentó con su cuerpo, nos cambió los pañales y nos ha dedicado su vida entera.
La fuerza de una madre es más grande que las leyes de la naturaleza. Es frágil como rosa, hermosa como playa, pero fuerte como ola, si es necesario, capaz de mantener una familia sola. “Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas” (Proverbios 31.10).
A todas esas flores de la eterna primavera que florecen en el jardín de nuestras vidas, a todas esas madres abnegadas y valientes, de corazón les deseo: “Feliz Día de las madres”.