STAMFORD. Ni las fuertes lluvias lograron detener a cientos de devotos del Señor de los Milagros que el domingo 11 de octubre en la iglesia de Santa María acompañaron a la misa y procesión del Señor de los Milagros por las calles del vecindario del East Side, en una jornada marcada por la fe, oración, promesas personales y la devoción al Patrono del Perú.
La celebración, organizada por la Cuadrilla número Uno de la Hermandad del Señor de los Milagros de Stamford, congregó a integrantes de las cuadrillas locales y delegaciones provenientes de Hartford, New Haven, Bridgeport y New Rochelle de Nueva York. Hombres y mujeres cargaron y caminaron junto a las andas, mientras las sahumadoras esparcían incienso, en tanto cantaban canciones religiosas, rezaban el rosario y elevaban plegarias en medio de la lluvia.
“La procesión volvió a demostrar que esta tradición va más allá de una ceremonia religiosa: representa una expresión de identidad, memoria y pertenencia para los inmigrantes que mantienen vivas sus raíces lejos de su país de origen”, dijo el cónsul del Perú en Harford, Elvis Tuesta Cuadros, quien asistió a la fiesta del patrono peruano para acompañar a sus connacionales.
Durante la misa dominical, la imagen gigante del Señor de los Milagros no estuvo colocada en el Altar Mayor; en su lugar se presentaron dos imágenes pequeñas: una, la del Señor de los Milagros y otra de la Virgen de la Nube, patrona de los migrantes ecuatorianos. La presencia de la Virgen tiene un significado especial para los fieles, quienes comparten este vínculo de fe desde el convento de las monjas Nazarenas de Lima, Perú, guardianas de la imagen del Señor de los Milagros y de la imagen de la Virgen, en honor a una religiosa ecuatoriana que vivía en ese convento.
En el boletín semanal el Padre Juan José Colón, vicario parroquial, reflexionó basado en la segunda lectura dominical la necesidad de confiar en la Divina Providencia para poder cumplir con tranquilidad el costo excesivo de la canasta básica, “así como le dio a Pablo la fortaleza de soportar todo” (Fil 4, 19)”.
El padre Juan Gabriel Acosta, párroco general, en la homilia, agradeció a la comunidad peruana su fe, su devoción y por compartir con Stamford sus expresiones culturales y religiosas. Posteriormente, el sacerdote expuso y sacó el Santísimo Sacramento en procesión a pesar de la lluvia, acompañado por el himno del Señor de los Milagros interpretado por el coro parroquial.
Este año, la imagen grande del Cristo morado permanecía resguardada en el jardín adyacente a la casa parroquial. Desde allí salió en procesión cargada en andas por los miembros de la Cuadrilla número Uno y acompañado por los devotos que, pese a las inclemencias del tiempo, siguieron el recorrido por las calles del vecindario del East Side.
La devoción al Señor de los Milagros en Stamford se remonta al 14 de febrero de 2004, cuando Alberto Rochabrún, peruano de nacimiento, impulsó la creación de la Hermandad del Señor de los Milagros en agradecimiento por un milagro en la vida de Isabel Párraga Martínez, su esposa.
Según Alberto Rochabrún, un líder comunitario que está a punto de cumplir 80 años relató que, pese a que los médicos habían ofrecido un pronóstico poco alentador, ella logró recuperarse y sobrevivir. Esta experiencia fortaleció su fe y le motivó a promover en Stamford la devoción al Cristo morado, trayendo desde Lima-Perú, las andas y una copia del cuadro original que reposa en el Convento de las Nazarenas.
Desde entonces, la celebración anual ha continuado gracias a los integrantes de la Hermandad y al apoyo de la comunidad que encuentra en esta tradición una manera de expresar su gratitud, cumplir promesas y mantener viva su identidad cultural. Tal como se ve en la muchedumbre dentro de la iglesia durante el rezo del Rosario previo a la misa o en las calles cuando es la procesión y en las veredas con el consumo de comidas típicas peruanas como picarones, alfajores, salchipapas y ceviche.
Desde el viernes previo a la celebración, los integrantes de la Primera Cuadrilla trabajaron en los preparativos de la misa y la procesión, bajo la dirección de su presidente, José Palacios. La organización de la jornada incluyó la preparación de las andas, la coordinación de los arreglos de flores y la atención a las delegaciones invitadas.
Según Palacios, las cuadrillas de la Hermandad se encargan de cargar las andas durante el recorrido, una labor que exige coordinación, resistencia física, disciplina y, sobre todo, profunda devoción. Junto a ellos caminan las sahumadoras ataviadas con hábito púrpura y velo blanco. Ellas esparcen incienso mientras rezan y cantan en veneración al Señor de los Milagros.
La mayoría de las sahumadoras son de origen peruano, aunque también participan mujeres de otras nacionalidades, especialmente ecuatorianas. Esta participación refleja los vínculos culturales y religiosos que se han desarrollado entre las familias latinoamericanas establecidas en la ciudad, así lo calificó Rira Guillén, nativa de Venezuela, casada con un peruano miembro de la Hermanad.
Acorde con Palacios, en Stamford existen actualmente tres cuadrillas de hombres y una cuadrilla de sahumadoras. En total hay 86 personas inscritas en las agrupaciones locales, con un promedio de 25 integrantes por cuadrilla. “La Hermandad ha abierto las puertas de sus cuadrillas a quienes deseen participar, independientemente de su nacionalidad. Para esta celebración se contempló la participación de alrededor de 300 cargadores durante la jornada, incluyendo a los integrantes de las delegaciones visitantes”, dijo Palacios.
A pesar de la lluvia terminada la misa de Acción de Gracias, la banda de músicos Armonías del Perú, inició su participación en la procesión interpretando los himnos nacionales de Estados Unidos y Perú como un gesto de gratitud al país que acoge la tradición peruana. Práctica que se realiza desde el 2004 en la presidencia de Alberto Rochabrún.
Durante el recorrido, la banda ejecutó marchas religiosas y acompañó los cantos dedicados al Señor de los Milagros y a la Virgen. La música marcó el paso lento de las andas, mientras los devotos avanzaban por las calles, algunos con rosarios entre las manos y otros llevando flores para acompañar la imagen.
La celebración también tuvo expresiones de la cultura popular peruana con vendedores de alfajores, dulces tradicionales elaborados con galletas y relleno de dulce de leche. A prudente distancia, una patrulla policial acompañó la actividad para contribuir a la seguridad durante el recorrido.
El recorrido contempló las calles Cove Road, Frederick Road, Soundview Avenue y Saint Benedict Circle, hasta llegar a la iglesia Saint Benedict, donde tradicionalmente se guardan las andas y la imagen hasta la celebración del siguiente año.
Entre los testimonios que reflejan la dimensión personal de esta devoción está el de Hilda Molina, quien reside en Stamford desde hace 19 años y es originaria de Apurímac, Perú. En su país trabajó como maestra, pero las dificultades económicas la obligaron a inmigrar a Estados Unidos.
Año tras año, Hilda acudía a la celebración del Señor de los Milagros con una petición que marcaba profundamente su vida: encontrar una solución a su situación migratoria. Su historia tomó un giro favorable cuando ganó la lotería de visas, lo que le permitió regularizar su estatus migratorio. Para Hilda, aquel resultado fue el milagro que había pedido con fe y devoción.
En agradecimiento, hizo una promesa: “Mientras Dios le conceda vida, continuaré asistiendo a la celebración, rezando el rosario y cubriendo el cabello con el velo de la cuadrilla de sahumadoras.
“Detrás de la procesión existe un trabajo comunitario que comienza meses antes de octubre”, así explicó José Palacios, presidente de la Hermandad. La preparación de las andas, la coordinación de las cuadrillas, los permisos municipales, los servicios de seguridad policial, las bandas de música y la alimentación de las delegaciones invitadas forman parte de una organización que demanda tiempo, esfuerzo y recursos económicos.
Según Palacios, llevar adelante esta tradicional devoción representa un costo de entre 12.000 y 14.000 dólares. Para cubrir los gastos, cada cuadrilla realiza sus propias actividades de recaudación de fondos y se prepara con anticipación para la celebración de octubre.
Después de la verbena del sábado en la noche, algunos miembros permanecen como guardianes de las andas y de los preparativos. “Son tareas que muchas veces transcurren lejos de la mirada pública, pero que resultan indispensables para mantener viva esta tradición”, dijo Palacios.
La presencia del público comenzó el sábado 10 de octubre a las 7 de la noche, con el rezo del Rosario, seguido de una verbena organizada por la Primera Cuadrilla, que se extendió aproximadamente hasta las 10 de la noche.
José Palacios, destacó la importancia del trabajo colectivo para mantener esta celebración y la relación de la organización con la comunidad religiosa local. Reconoció el acompañamiento del padre Juan Gabriel, a quien describe como una persona cercana, servicial y comprometida con los feligreses.
“La procesión del Señor de los Milagros volvió a demostrar que las tradiciones de los inmigrantes no desaparecen al cruzar las fronteras. Por el contrario, se transforman en puntos de encuentro entre generaciones, familias y comunidades de distintos países”, indicó Guadalupe Galarza, nativa de Ecuador, antropóloga de profesión, quien, llevada por una amiga, asistió a la fiesta del Señor de los Milagros.