MIDDLETOWN.- Trabajadores del centro psiquiátrico Solnit South, que atiende a adolescentes con graves trastornos de salud mental, denunciaron que la falta de personal y de recursos está poniendo en peligro tanto a los empleados como a los jóvenes que reciben tratamiento.
Según el sindicato SEIU 1199, en una rueda de prensa prevista para pedir apoyo al gobernador y al Congreso; 66 de los cerca de 300 trabajadores de Solnit South permanecen fuera de sus puestos de trabajo mientras se recuperan de lesiones sufridas durante el desempeño de sus funciones.
“Muchas de estas lesiones pudieron haberse evitado”, afirmaron los empleados, quienes aseguran que la escasez de personal obliga a trabajar en condiciones inseguras y dificulta brindar la atención terapéutica que los pacientes necesitan.
Erin Burns, empleada del centro, relató que ha sido víctima de varias agresiones físicas mientras desempeñaba sus labores, una de ellas tan severa que le provocó una conmoción cerebral.
“Sabemos que trabajar con jóvenes que enfrentan serios problemas de salud mental conlleva riesgos. Lo que no podemos aceptar es un peligro que puede prevenirse con suficiente personal y liderazgo”, expresó.
Otros trabajadores señalaron que algunos compañeros han sido golpeados con objetos, atacados con armas improvisadas o lesionados mientras intentaban separar enfrentamientos entre pacientes. Aun así, insistieron en que los adolescentes no son los responsables del problema.
“Estos jóvenes han sobrevivido a experiencias de abuso, violencia y traumas profundos. Ellos necesitan ayuda. El problema es que el sistema no les está brindando los recursos necesarios”, señalaron durante la manifestación.
Los trabajadores explicaron que la falta de empleados provoca la cancelación de terapias grupales, actividades recreativas y programas educativos, elementos esenciales para la recuperación emocional de los pacientes.
Además, denunciaron que muchos empleados son obligados a permanecer hasta 16 horas continuas en el trabajo, aun cuando su turno original era de solo ocho horas.
La vicepresidenta del sindicato SEIU 1199, Becky Simonsen, aseguró que la reducción de las actividades terapéuticas genera un ambiente más tenso en la institución y aumenta el riesgo de agresiones. “Nuestros trabajadores llegaron aquí para ayudar a sanar a estos jóvenes, pero muchas veces pasan todo el turno simplemente intentando mantener a todos a salvo”, afirmó.
Simonsen indicó que sostuvo conversaciones con la comisionada del DCF, Susan Hamilton, quien reconoció que existen problemas importantes y que será necesario un mayor presupuesto para resolverlos.
Aunque UConn Health asumió recientemente la administración de Solnit South, varios trabajadores consideran que todavía no se observan mejoras significativas. “Lo único que ha cambiado hasta ahora es el letrero del edificio”, comentó Darnell Ford, supervisor de la unidad de servicios infantiles.
No obstante, UConn Health y el DCF anunciaron varias acciones para enfrentar la crisis, entre ellas acelerar la contratación de personal, incorporar guardias de seguridad, establecer una proporción adecuada entre empleados y pacientes y contratar un supervisor independiente que evalúe el funcionamiento del centro.
A pesar de las dificultades, médicos, trabajadores y antiguos pacientes coincidieron en que Solnit South continúa siendo una institución con profesionales altamente capacitados y con el potencial de volver a ser un referente nacional en atención psiquiátrica infantil.
El psiquiatra principal del centro, Dr. Akashdeep Aujla, explicó que muchos adolescentes ya están listos para recibir el alta médica, pero permanecen internados porque no existen suficientes hogares de acogida ni programas comunitarios donde continuar su tratamiento.
Dos expacientes también compartieron sus experiencias y aseguraron que actividades como la fotografía, la natación y la terapia conductual dialéctica fueron fundamentales para su recuperación.
Los trabajadores concluyeron que, con más personal, mejores recursos y un mayor compromiso del Estado, Solnit South puede recuperar la calidad de atención que durante décadas benefició a cientos de niños y adolescentes de Connecticut.