La Monarquía Católica y el Origen del Derecho de Gentes
Nos adentramos en una de las cumbres del pensamiento occidental: la génesis del derecho internacional. Frente a las corrientes contemporáneas que, movidas por un resentimiento ideológico y una ignorancia supina, pretenden reducir la gesta de la Evangelización de América a un mero ejercicio de colonialismo depredador, el artículo de Teófilo Urdánoz, OP, sobre el pensamiento de Francisco de Vitoria y Bartolomé de las Casas, emerge como una rectificación necesaria y magistral.
Vitoria: El Arquitecto del Derecho Universal
La verdadera “modernidad” no nació con el racionalismo ateo, sino en las aulas de Salamanca. Francisco de Vitoria, lejos de ser un apologista del poder absoluto, sometió la soberanía de la Corona a la ley natural.
- La igualdad esencial: Vitoria establece que los indios, antes de la llegada de los españoles, eran verdaderos dueños de sus bienes y sujetos de derechos. Su pensamiento internacionalista no justifica la fuerza, sino que regula el ius gentium (derecho de gentes) basándose en la sociabilidad universal.
- La objeción al dominio: Contra quienes critican la colonia desde el materialismo, Vitoria responde con la ética: la presencia española solo es legítima si se orienta a la comunicación entre los pueblos y, fundamentalmente, a la salvación de las almas.
Las Casas: La Conciencia de la Cristiandad
El estudio de Urdánoz hace justicia a la figura de Las Casas, rescatándola de las garras de quienes lo usan como “padre de la revolución”. Las Casas no fue un enemigo de España, sino el defensor de la coherencia cristiana de la Monarquía. Su crítica no buscaba destruir la obra de España, sino asegurar que esta se ajustara al mandato de Cristo. Su insistencia en la evangelización pacífica es el testimonio de que España fue el único imperio que se detuvo a discutir la justicia de sus propios títulos de conquista.La Raíz del Derecho: Las Ordenanzas de Isabel la Católica
Ninguna crítica a la “colonia” resiste el análisis de la voluntad fundacional de la Corona. Ya en las Instrucciones a Nicolás de Ovando (1501) y, de manera definitiva, en su Testamento y Codicilo, Isabel la Católica establece el estatuto jurídico del nuevo mundo:
“Y no consientan ni den lugar que los indios, vecinos y moradores de las dichas Indias y Tierra Firme, ganadas y por ganar, reciban agravio alguno en sus personas ni bienes, sino manden que sean bien y justamente tratados”.
Estas ordenanzas no fueron papel mojado; fueron el germen de las Leyes de Indias, el cuerpo legal más humanista de la historia universal, que otorgó a los naturales la condición de súbditos de la Corona, prohibiendo explícitamente su esclavitud en una época donde el resto del mundo no conocía tales límites al poder.
Una Misión, no una Colonia
Como bien apunta el padre Urdánoz en este número de Verbo, la Hispanidad no fue un sistema colonial al estilo anglosajón, que buscaba la sustitución o el exterminio. Fue una Misión Internacionalista basada en la unidad de la especie humana.
Para los críticos del presente, que juzgan con anacronismo y odio, la Escuela de Salamanca ofrece una lección de humildad jurídica. España no solo dio una lengua y una cultura; dio un Derecho que protegía al vencido y una fe que lo igualaba al vencedor ante Dios. Quien ataca esta herencia, no solo ataca a España, sino a la raíz misma de la dignidad humana y del orden internacional cristiano.
La crítica del liberalismo mexicano contemporáneo —y de la retórica oficialista actual— hacia la herencia de la Hispanidad es un fenómeno complejo que mezcla la historiografía oficial (la “Historia de Bronce”) con una estrategia política de legitimación de soberanía.
Para entender por qué los gobiernos de la llamada “Cuarta Transformación” (López Obrador y Claudia Sheinbaum) han reactivado esta tensión, debemos analizarlo desde tres ángulos:
La “Historia de Bronce” y el Mito Fundacional
El liberalismo mexicano del siglo XIX (encabezado por figuras como Benito Juárez) necesitaba romper con el pasado virreinal para construir una identidad nacional propia. Esta tradición heredó la idea de que la independencia no fue solo una separación administrativa, sino una “liberación” de un yugo opresor.
- El relato de la 4T: López Obrador y Sheinbaum retoman este hilo liberal para presentar a su movimiento como la continuación de las tres transformaciones previas (Independencia, Reforma y Revolución). En este esquema, la Hispanidad es presentada no como una raíz cultural, sino como el periodo de la “Colonia”, sinónimo de extractivismo y jerarquía, contra el cual el “pueblo” debe rebelarse cíclicamente.
El Indigenismo como Herramienta de Soberanía Moral
La crítica a la Hispanidad (simbolizada en la exigencia de disculpas a la Corona Española y al Vaticano) funciona como un mecanismo para transferir la superioridad moral al Estado actual.
- Reivindicación de los pueblos originarios: Al señalar los abusos de la Conquista, el gobierno se posiciona como el defensor de la identidad indígena frente a las élites “conservadoras” que, según su narrativa, son herederas de los privilegios coloniales.
- Claudia Sheinbaum y la continuidad: La actual presidenta ha mantenido esta postura, subrayando que el reconocimiento de la grandeza de las civilizaciones prehispánicas es la base de la dignidad nacional, dejando la herencia hispana en un segundo plano como un “accidente” histórico doloroso.
La Doctrina Social y el Choque con la Hispanidad Tradicionalista
Desde la perspectiva de autores como los que mencionabas antes (Prada o la escuela de Salamanca), la Hispanidad fue una misión civilizadora y jurídica. Sin embargo, el liberalismo mexicano interpreta esto de forma opuesta:
- El Estado Laico vs. La Cristiandad: El liberalismo mexicano es profundamente laico (jacobino en sus raíces). La Hispanidad, que une trono y altar, es vista como una amenaza a la modernidad liberal.
- Uso político de la “Leyenda Negra”: Se utiliza la narrativa de la destrucción para descalificar a las instituciones tradicionales. Si la Hispanidad es “oscurantismo”, entonces el Estado liberal es “luz”.
La paradoja frente a Vitoria y Las Casas
Es irónico que, mientras el gobierno critica la herencia hispana, utiliza argumentos de derechos humanos que nacieron precisamente con Francisco de Vitoria y Bartolomé de las Casas.
- El gobierno de la 4T apela a la “autodeterminación de los pueblos”, un concepto que hunde sus raíces en la Escuela de Salamanca, aunque en la retórica oficial se presente como una victoria moderna sobre el pasado colonial.
Es una de las paradojas más profundas de la historia de México y un punto de fricción constante para quienes analizan la figura de Benito Juárez más allá del mito oficial. Juárez, un hombre que nació hablando zapoteco y que personifica el ascenso al poder desde la base de la pirámide social, fue al mismo tiempo el arquitecto de un modelo de nación que buscaba la homogeneidad a través de la eliminación de lo particular.
Aquí te detallo las contradicciones fundamentales de su política respecto a las lenguas y la educación de los pueblos de ascendencia autóctona:
1. El Ideal del Ciudadano Universal vs. La Identidad Étnica
Juárez era un liberal doctrinario. Para el liberalismo del siglo XIX, la igualdad ante la ley exigía la eliminación de las corporaciones y los fueros, pero también de las distinciones étnicas.
- La Contradicción: Si bien su origen era zapoteco, su proyecto político era occidentalista. Para Juárez, el “progreso” de los pueblos originarios no pasaba por el fortalecimiento de sus culturas, sino por su plena integración al modelo de ciudadano mestizo y castellanohablante.
- El resultado: En sus planes educativos, la lengua materna de los pueblos originales no era vista como un valor cultural a preservar, sino como un obstáculo para la unidad nacional y el desarrollo económico.
2. La Ley de Instrucción Pública de 1867
Tras el triunfo de la República sobre el Segundo Imperio, Juárez promulgó la Ley Orgánica de Instrucción Pública.
- La supresión lingüística: Esta ley estableció la educación primaria como obligatoria, gratuita y laica, pero exclusivamente en español. No se contempló ni un solo espacio para la enseñanza bilingüe o el rescate de las lenguas autóctonas.
- La lógica juarista: Se creía que el español era la lengua de la “civilización” y las luces. Al excluir las lenguas originales de las aulas, Juárez condenó a millones de personas a elegir entre la aculturación (perder su lengua para educarse) o el analfabetismo funcional en la lengua oficial.