“A veces no necesitamos respuestas, solo necesitamos sentir que nos escuchan”
En cierta ocasión, cuando estaba mucho más joven quise abrir mi corazón a alguien, pero ni había terminado mi primera frase cuando empezaba a hablar muchas cosas que yo ya sabía, según él aconsejándome, yo trataba de continuar para desahogarme, pero me interrumpida, y me decía que tal libro dice esto y lo otro, y me llenaba de frases ciertas pero vacías a la vez, hasta que frustrado le respondí: “Yo sé todo lo que me dices, pero no me has dejado hablar del todo, lo único que deseo ahora es que alguien me escuche”.
Muchas veces somos rápidos en hablar, pero ni siquiera hemos escuchado para responder. Algo que he aprendido en mi vida es que hay que saber escuchar bien primero, para poder responder lo correcto, y que muchas veces las personas no buscan que les den un discurso o un sermón en relación con su vida, ellos abren su corazón con la necesidad de ser escuchados y desahogar un poco.
Cuando quieres gritar “¡escúchame!” a todo el mundo en tu vida, ¡te pasa factura! Sentirse desoído puede intensificar todo tipo de síntomas de salud mental. Así que antes de preocuparte por si te pasa algo, piensa primero si lo que necesitas es que alguien te escuche.
Todos los seres humanos necesitamos que alguien nos escuche. Sentirse conectado no es solo algo que deseamos. Como humanos, es una necesidad real. Así que, por supuesto, nos sentimos mal cuando parece que nadie está ahí para nosotros. Sentirse desoído puede generar emociones como depresión, ansiedad, ideación suicida y odio hacia uno mismo.
La ansiedad y la depresión pueden estar relacionadas con el hecho de sentirse desatendido o incomprendido. En la otra cara de la moneda, la ansiedad y la depresión se calman cuando alguien escucha y comprende.
Si te preguntas “¿Por qué nadie me escucha?”, no eres el único que se siente así. ¿Quién no ha querido alguna vez zarandear a la gente que le rodea y gritar: “¡Escúchame!”?
Las estrategias de autoayuda ofrecen técnicas basadas en la evidencia para gestionar las emociones difíciles cuando no se dispone de apoyo externo, utilizando enfoques estructurados como la autovalidación, la regulación del sistema nervioso y el procesamiento emocional para desarrollar la resiliencia durante el aislamiento y prepararse para una futura conexión terapéutica.
¿Qué haces cuando sientes un peso en el pecho, que te ronda por la cabeza, pero no tienes a nadie a quien contárselo? Aprender a apoyarte emocionalmente a ti mismo no solo es útil cuando estás solo, sino que es esencial para sobrevivir a esos momentos en los que el aislamiento resulta abrumador.
Hay algo que necesitas decir. Algo que te pesa, que da vueltas en tu cabeza, que te oprime el pecho. Y no hay nadie a quien contárselo. Ese tipo concreto de dolor no siempre sale a relucir en las conversaciones sobre la soledad, pero es real y es distinto. No se trata solo de estar solo. Se trata de necesitar procesar algo emocionalmente difícil y afrontar esa necesidad en silencio.
La ausencia de apoyo emocional tiene efectos medibles en tu cuerpo y tu mente. Cuando no puedes compartir lo que te preocupa, las hormonas del estrés, como el cortisol, permanecen elevadas durante más tiempo. Te cuesta más conciliar el sueño porque tu cerebro sigue repitiendo pensamientos sin procesar. Puede que te cueste ver las cosas con perspectiva porque hablar de las cosas en voz alta es la forma en que muchos de nosotros aclaramos lo que realmente pensamos y sentimos. Estos no son signos de que te pase algo malo. Son respuestas normales a circunstancias que hacen que gestionar el estrés sea más difícil.
Vale la pena señalar que no tener a nadie con quien hablar no siempre significa estar físicamente solo. Puede que vivas con tu familia, trabajes con compañeros o interactúes con gente a diario. Pero si no tienes a alguien en quien confiar tus sentimientos más vulnerables, alguien que no te juzgue, ni te menosprecie, ni lo convierta en algo personal, el aislamiento se siente igual de real. La ausencia no tiene que ver con la cantidad de relaciones. Tiene que ver con la calidad de la seguridad emocional.
Cuando pensamos que somos muy especiales y que nacimos con un propósito divino, todo cambia, aprendemos a descansar de todo y a confiar en Dios por sobre todas las cosas, sabemos que él tiene el control de todo.
El salmista escribió: “Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá” (Salmo 27:10). Es un mensaje que nos recuerda que, incluso cuando las figuras más cercanas o fundamentales fallan o faltan. Pero existe un amor superior, incondicional y eterno que siempre estará ahí para sostenernos, y este amor es el Dios, nuestro amado Padre celestial, ha sido tan grande su amor, que envió a su único Hijo para dar su vida por nosotros, y para que, a través de él, nosotros tengamos una vida en abundancia. Ahora a través de Cristo somos mas que vencederos. Así que, aunque nadie nos quiera escuchar o no nos entienda, él sí nos escucha y comprende a la perfección nuestros corazones sedientos, solo descansemos en él y confiemos en él. Jesús dice: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”. (Mateo 11:28).