Todos los días, camino a mi centro de labores con la mirada inevitablemente fija en el tablero electrónico de una gasolinera junto a un semáforo. Allí, el precio del galón de gasolina parece subir sin descanso. Lo que hace apenas unos meses era un incremento moderado, hoy roza niveles alarmantes, impulsado por la escalada del conflicto bélico entre Irán y sus repercusiones globales. Pero el problema va mucho más allá del combustible. Ese aumento es apenas el primer síntoma de una enfermedad económica que comienza a golpear directamente el bolsillo del ciudadano promedio. Cuando la energía se encarece, toda la economía tiembla: suben los alimentos, el transporte, los servicios y el costo de vida en general. Hay una palabra que resume este fenómeno y que vuelve a instalarse con fuerza en la preocupación de millones de familias: inflación. De eso hablaremos hoy.
Como bien sabemos, la inflación es un fenómeno económico que se caracteriza por el aumento generalizado de los precios de bienes y servicios. En términos sencillos, significa que el dinero pierde valor, ya que una persona o una familia necesita más dinero para comprar las mismas cosas que antes. Es decir, se reduce el poder adquisitivo. Un ejemplo claro de ello es el precio de la gasolina. Si hace apenas dos meses el galón rondaba los 3,00 dólares, hoy se encuentra en 4,79 dólares, e incluso en algunas estaciones alcanza los 4,99 dólares. Esto evidencia cómo el incremento de precios afecta directamente el bolsillo de los consumidores.
La tasa de inflación anual en Estados Unidos; se aceleró al 3,8% en abril alejándose cada vez más del rango meta de la Reserva Federal (FED) que es del 2%; de acuerdo los últimos datos del Índice de Precios al Consumidor publicados por la Oficina de Estadísticas Laborales. Este dato es el más alto desde mayo de 2023. La cifra superó las previsiones del 3,7% ya que el choque petrolero provocado por la guerra con Irán sigue elevando los precios. Los costos de energía saltaron un 17,9% el mayor aumento anual desde septiembre de 2022; en comparación con el 12,5% de marzo. Debido fundamentalmente a la gasolina (28,4% vs 18,9%) y el fuel oil, combustible líquido derivado del petróleo crudo obtenido como residuo en el proceso de refinación (54,3%). La inflación también se aceleró para el alojamiento (3,3% vs 3%) y los alimentos (2,9% vs 2,3%). Energía 17,9%; tarifas aéreas 20,7%; y la carne de res aumentó 14,8%. En comparación con el mes anterior, el IPC subió un 0,6%, disminuyendo desde el aumento del 0,9% registrado en marzo, que fue el mayor incremento mensual desde junio de 2022, y en línea con las previsiones. La tasa de inflación subyacente también aumentó, aunque a un ritmo más moderado; al 2,8% interanual; llegando a ser el nivel más alto desde septiembre; desde el 2,6% en marzo y por encima de las previsiones del 2,7%. En términos mensuales, los precios al consumidor subyacentes aumentaron un 0,4%; frente al 0,2% tanto en febrero como en marzo y las previsiones del 0,3%.
Hay que advertir que estamos ante un conflicto cuyo desenlace nadie puede prever con certeza. No hay claridad alguna, salvo el ruido de las declaraciones contradictorias, las falacias y las reiteradas mentiras del presidente de Estados Unidos, cuya credibilidad hoy prácticamente se ha desplomado a cero. Mientras la incertidumbre crece, el mandatario parece creer que unas publicaciones en Truth Social o en “X” (antes Twitter) bastan para contener una crisis de enormes proporciones. Sin embargo, la realidad económica podría ser devastadora. Bloomberg estima que, en un escenario de esta naturaleza y si el conflicto se prolonga, el galón de gasolina podría dispararse hasta los 147 dólares, una cifra simplemente alarmante. Un golpe de esa magnitud no solo sacudiría el bolsillo de millones de estadounidenses, sino que podría empujar a la economía de Estados Unidos hacia una recesión severa, con consecuencias impredecibles para el empleo, el consumo y la estabilidad financiera del país.
El sostenido avance de la inflación, lo que va hace; es mantener bajo presión la política monetaria, cuya probabilidad de recorte en las tasas de interés lo que resta del presente año es prácticamente nula; de acuerdo a algunos analistas y funcionarios. Y aunque hipotéticamente, las tensiones geopolíticas disminuyeran, la tendencia de la inflación no va a revertirse de inmediato.
Ante un contexto de esta naturaleza, muy válido es preguntarnos ¿cómo proteger nuestro dinero? Aquí algunas breves pero útiles recomendaciones: ajustar el presupuesto y priorizar los gastos, evitar los gastos hormiga, diseñar un plan para pagar las deudas (tarjeta de crédito, casa, auto), crea un fondo de emergencia, y educarnos financieramente.