Hace unos escasos días, dejamos atrás los primeros seis meses del año en curso y valga señalar que este tiempo ha estado envuelto por cuestiones geopolíticas de gran magnitud y con repercusiones significativas a escala global, especialmente por el conflicto desatado en Oriente Medio. En esta oportunidad nos ocupa realizar un moderado balance sobre lo que ha sido la economía de Estados Unidos en esta primera mitad del año 2026 y para ello nos afianzaremos tomando en consideración algunas variables de suma importancia.
Iniciamos este recorrido tomando como punto de partida al Producto Bruto Interno (PBI), que es quien mide cuánto crece o decrece una economía como tal. La mayor economía del mundo en estos primeros seis meses ha continuado creciendo; aunque a un ritmo moderado, porque el dato real aumentó a una tasa anual del 2,1 % en el primer trimestre; según la tercera estimación publicada por la Oficina de Análisis Económico de Estados Unidos. Siendo los factores que contribuyeron a dicho resultado; el incremento de la inversión, las exportaciones, el gasto público y el gasto de los consumidores. Pese a ello, la economía logró alejar los temores de una recesión y mantuvo un ritmo compatible con un escenario de crecimiento estable. El dato del segundo trimestre se publicará el día 30 de julio, razón por la que no forma hemos plasmado en el presente.
En el mercado laboral, el dato lo marca la tasa de desempleo que se mantuvo alrededor de 4,3 %. Nivel que, si bien es superior a los mínimos históricos registrados en 2023 y 2024, continúa siendo consistente con un mercado laboral relativamente ajustado. Este equilibrio ha permitido sostener el ingreso de los hogares y el consumo privado, aunque también ha contribuido a mantener presiones salariales que dificultan el retorno de la inflación hacia la meta del 2 % establecida por la Reserva Federal (FED).
Otra variable de enorme significancia es la inflación; y podemos decir que precisamente volvió a convertirse en la principal preocupación durante el segundo trimestre. Después de mostrar señales de moderación al inicio del año, los precios retomaron una tendencia alcista impulsados por el incremento de los costos energéticos derivados de las tensiones geopolíticas en Medio Oriente y por la persistencia de la inflación en los servicios. Durante mayo, la inflación anual alcanzó niveles superiores al 4 %, mientras que la inflación subyacente permaneció cercana al 3 %, evidenciando que las presiones sobre los precios siguen siendo amplias y no únicamente consecuencia del componente energético. Aunque hacia finales de junio comenzaron a observarse señales de moderación gracias a la caída de los precios de los combustibles, la inflación continúa claramente por encima del objetivo de la autoridad monetaria (2%).
En este contexto, la FED optó por mantener sin cambios los tipos y los mantuvo en un rango de 3,50 % a 3,75 % durante su reunión de junio. El Comité Federal de Mercado Abierto consideró que, si bien la economía continúa expandiéndose y el mercado laboral permanece sólido, la inflación aún representa un riesgo significativo para la estabilidad de precios.
Los indicadores adelantados de actividad también mostraron un comportamiento mixto. El PMI manufacturero permaneció la mayor parte del semestre alrededor del umbral de 50 puntos, reflejando un sector industrial que continúa enfrentando debilidad en la demanda, elevados costos de financiamiento y una recuperación desigual del comercio internacional. La producción manufacturera siguió mostrando dificultades para consolidar una expansión sostenida.
En contraste, el PMI de servicios continuó ubicándose en terreno expansivo durante el primer semestre, respaldado por el dinamismo del consumo interno, la fortaleza del turismo, el gasto empresarial y la demanda de servicios profesionales. Este comportamiento confirma que la economía estadounidense continúa dependiendo, principalmente, del desempeño del sector servicios, responsable de cerca del 80 % de la actividad económica nacional.
En conjunto, el balance económico de Estados Unidos entre enero y junio de 2026 puede calificarse como favorable, aunque no exento de riesgos. La economía logró mantener el crecimiento, preservar un mercado laboral sólido y evitar una desaceleración brusca. Sin embargo, la persistencia de la inflación continúa limitando el margen de maniobra de la Reserva Federal y mantiene abiertas las posibilidades de que la política monetaria permanezca restrictiva durante la segunda mitad del año. El desafío para las autoridades será consolidar un proceso de desinflación sin comprometer la expansión económica ni el empleo, un equilibrio que seguirá marcando el rumbo de la mayor economía del mundo durante el resto de 2026.