Desde que uno llega a los 16, comienzan las presiones (familiares, amistosas y hasta educativas), para que uno salga a buscar trabajo, por aquello de que “El trabajo dignifica”, a lo que mi padre agregaba, “pero cansa”.
Cuando llega ese momento, las perspectivas no son ciertamente agradables para quienes se dan a la tarea. Primero es el misterio de descubrir lo que es trabajar, la responsabilidad que conlleva, sin contar que, en función del tipo de trabajo, es el descubrimiento de los más variados oficios, porque a esas alturas, es lo único disponible para quien, con esa edad, sale “a buscársela” a las calles, ya sea por necesidad, o porque los progenitores insisten en que “mientras más temprano mejor para conocer la vida real”.
Una vez que se es adulto con estudios o algún tipo de formación profesional, se tienen ideas de antemano sobre cuáles serían las opciones disponibles. En el caso de quienes llegan a los 16, las opciones son aquellas que siempre han estado disponibles para niveles educativos bajos, aunque vale decir que muchas personas con ese “background”, es decir, con ausencia de educación formal, han logrado fama y recursos. Claro, es el factor de la inteligencia natural y la disposición a servirse de ella, que determina esos resultados que, por espectaculares que sean, no siempre son positivos.
Pero vamos a hablar sobre los empleos disponibles para esos futuros adultos, los que realmente son oficios, porque ni siquiera las progenituras de los poderosos se salvan de tener que ejercer alguno. Yo mismo, que no provengo de familia afortunada, con más razón tuve que ejercer algunas de esas labores.
Entre los más conocidos se encuentran los trabajos en supermercados, tiendas o restaurantes. Es decir, “friega platos”, camarero (entiéndase, recoge mesas), recogedor de basura, o sea, llenar los basureros y ponerlos fuera para cuando pasen los camiones y. naturalmente las reflexiones del tipo “¿qué habré hecho de mal para merecer esto?
Luego están los oficios más “limpiecitos”, que es el caso cuando el oficio es en tiendas de ropas, pues el trabajo consiste, sobre todo, en abrir cajas de artículos, colocarlos en los estantes y servir de mandadero. Y, naturalmente, también los oficios “independientes”, como cortar la hierba en la casa del vecino, o recoger la nieve en invierno o incluso, limpiarle la casa. También muy atractivo resulta el oficio de “paseador de perros” o lavador de piscinas. Sin olvidar, las nuevas opciones relacionadas con el avance de la inteligencia artificial, que abre espacios más tecnológicos.
En fin, para la juventud existen todas esas opciones, que tienen la gran ventaja de que, generalmente es durante la primera parte del verano, para reunir los fondos del resto de la temporada. En otras palabras, son oficios completamente temporales y para con los cuales no tienen mayor compromiso.
En cambio, para quienes ya no son parte de ese mundo incompleto, el de los estudios y la preparación, existen, además de esos mismos oficios, otros, incluyendo los de alto riesgo, como los trabajos de pescadería, en pozos petroleros o construyendo techos. Son oficios peligrosos, pero bien pagados. También están los oficios que involucran cuestiones de seguridad, no para quien los ejerce, sino para quienes dependen de los mismos. Es el caso de los bomberos o los policías, cuyos trabajos implican serios riesgos físicos.
Pero pasemos ahora a algunos de los oficios no muy deseados y que involucran al mundo de los adultos, y que siempre están disponibles, comenzando por el de “lavaplatos” en los restaurantes. En los países desarrollados, como se sabe, ese oficio, que no es muy bien pagado, generalmente es ejercido por inmigrantes sin documentación.
Aunque también existen otros oficios, que no es que hagan felices a quienes los ejercen, como el de controlador de plagas, léase roedores de todo tipo. Es una actividad de involucra olores desagradables y contacto con productos generalmente dañinos para la salud. Y luego el de “lava carros”, con mucha frecuencia realizados igualmente por inmigrantes y cuyo pago dependen más de las propinas que de los magros salarios que se pagan.
Finalmente, hay otro oficio o actividad, cobrador de deudas, que es relativamente bien pagado, pero que obliga a quienes lo ejercen a soportar insultos, y hasta amenazas que afectan hasta a sus propias familias. Claro, para ejercer este oficio, también hay que tener una coraza especial. Pero, como se dice, “de todo hay en la Viña del Señor”.
Lo que incluye, por supuesto al oficio de no hacer nada, que es una de las “actividades” favoritas, especialmente de esos de 16 años, todavía con la costumbre de depender sobre todo de la mamá “resuelve todo”.