Una vez terminado el certamen del balompié más importante del planeta, con el pitazo final del árbitro del encuentro entre España y Argentina; no sólo concluyó el espectáculo futbolístico, sino que también finalizó uno de los eventos económicos más lucrativos que ha vivido Estados Unidos en la última década. En tanto los aficionados celebraban con gran algarabía goles dados en cada encuentro; hoteles, aerolíneas, restaurantes, comercios y plataformas de transporte registraban ingresos históricos que transformaron al torneo en un gigantesco motor de crecimiento económico. Acompáñanos, aquí te contamos la cifras que sumó magno evento a la economía del país del “Tío Sam”.
Como ha quedado demostrado, el fútbol es más que un espectáculo deportivo; es una “industria” que moviliza miles de millones de dólares en muy pocas semanas. De acuerdo a unos estudios elaborados por el portal FIFA Tecnología del Fútbol, previo al torneo proyectaban que el acontecimiento aportaría alrededor de 17 200 millones de dólares al Producto Interno Bruto (PIB) estadounidense, además de generar cerca de 185 000 empleos equivalentes a tiempo completo y una producción económica superior a los 30 000 millones de dólares.
La explicación no es complicada de entenderse, debido a que cada visitante internacional representa mucho más que un boleto para un partido. Es un consumidor que paga hoteles, utiliza transporte terrestre y aéreo, compra alimentos, visita centros comerciales, adquiere recuerdos y prolonga su estancia para conocer otros destinos turísticos. Ese efecto multiplicador termina irrigando prácticamente todos los sectores de la economía.
Las cifras del sector hotelero reflejan esa realidad. En ciudades sede como Boston, la ocupación se mantuvo cercana al 90 %, mientras que las tarifas promedio por habitación aumentaron más del 20 % frente al año anterior, elevando significativamente los ingresos de la industria. Restaurantes, bares y establecimientos de entretenimiento experimentaron incrementos similares impulsados por cientos de miles de visitantes durante los días de competencia.
Como hemos podido precisar líneas arriba, los datos plasmados sólo eran estimaciones; no obstante a la fecha contamos con cifras reales proporcionadas por el Banco de América y Bloomberg Intelligence que dan a conocer que el Mundial de Fútbol 2026 ha generado un impacto económico cercano a los 20 000 millones de dólares en Estados Unidos, siendo un poco superior a la estimación previa. El torneo a nivel global rondó los 40 000 millones de dólares, recayendo la mitad directamente en el mercado estadounidense. Si focalizamos algunas ciudades importantes, se sabe que el que estado de New York generó 228 millones en ingresos fiscales y locales; Arlington (Texas), alcanzó ingresos hoteleros récord por 31 millones de dólares durante el mes del evento; mientras que en Filadelfia, los ingresos hoteleros subieron más de un 50 % en los días de partido en comparación con el año anterior.
Como un dato adicional es válido mencionar que la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA), reportó que se vendieron más de 6,5 millones de boletos (con informes que apuntan a una cifra final superior a los 6,8 millones de entradas distribuidas) para los 104 partidos disputados en el Mundial de Fútbol 2026,cuya recaudación se encuentra entre los 9 000 millones de dólares hasta los 15 000 millones.
Siendo prudentes y no sensacionalistas desde una perspectiva macroeconómica, el aporte al PIB estadounidense es modesto frente a una economía superior a los 30 billones de dólares. No obstante, los grandes eventos deportivos no transforman por sí solos el crecimiento nacional, pero sí generan fuertes impulsos regionales, incrementan el consumo privado, fortalecen el empleo temporal y dinamizan sectores estratégicos como la hotelería, el comercio y los servicios. Incluso análisis independientes (S&P Global) señalaron que el efecto nacional sobre el PIB es limitado, pero reconocen importantes beneficios para las economías locales y metropolitanas. A más, que el Mundial aceleró inversiones en infraestructura, modernización de aeropuertos, sistemas de transporte, conectividad digital y renovación urbana, activos que permanecerán mucho después del último partido. Es precisamente ese legado el que convierte al torneo en una inversión de largo plazo más que en un simple evento deportivo.
En economía existe una máxima: “los grandes eventos no sólo se miden por la cantidad de espectadores, sino por el dinero que logran poner en circulación”. Bajo esa lógica, el verdadero campeón del Mundial 2026 no fue únicamente la selección de España que levantó la copa. También lo fue la economía estadounidense, que convirtió la pasión por el fútbol en crecimiento, empleo, inversión y una poderosa vitrina para seguir atrayendo capital y turismo en los años venideros.