A escasos días de llevarse a cabo las elecciones de mitad del mandato en el país; la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS) ha dado a conocer los datos de la inflación y no son alentadores ni para la gestión del presidente Trump, productores, consumidores, ni para la Reserva Federal como autoridad en materia monetaria cuya misión es trabajar arduamente para llevarla a su rango meta establecido en el 2%. Le invito a acompañarnos en este espacio porque es un tema de sumo interés que termina poniendo en jaque a nuestros bolsillos.
Y es que nuevamente las alarmas se han encendido, por el incremento de la inflación dado en el mes de setiembre. El índice de precios al consumidor (IPC) en términos interanuales ha escalado hasta el 3,7% frente al 3,4% registrado en agosto; y en términos mensuales subió hasta el 0,6% respecto a agosto (0,4%). Detrás de este repunte el gran protagonista es el combustible; pero cuyos efectos va mucho más allá de lo que cuesta llenar el tanque del vehículo, porque cuando sube el precio de la energía, prácticamente toda la economía comienza a sentir el golpe. De acuerdo a la BLS, el precio de la gasolina subió un 9,1% en setiembre y eso responde por más de la mitad del incremento mensual de la inflación; mientras que la energía por su lado acumula un alza anual del 20,4%. El incremento del precio de la gasolina desde febrero, cuando empezó el conflicto con Irán es del 45%; mientras que el diésel se ha incrementado en un 70%.
Al subir el precio de los combustibles; surge el efecto dominó que amenaza a productores y consumidores; debido a que el combustible es un componente esencial de la maquinaria económica; no es un gasto sólo para los conductores; porque los camiones necesitan diésel para transportar mercancías, los agricultores requieren energía para producir alimentos, las fábricas dependen del combustible para mantener sus operaciones y los comercios necesitan distribuir sus productos y todo se torna mucho más costoso.
El gran problema reside en que los salarios no siempre avanzan al mismo ritmo de la inflación. Y si los precios suben más rápido que los ingresos, las familias pierden poder adquisitivo. El dinero alcanza para menos, se recortan gastos y el consumo comienza a resentirse. La inflación, entonces, deja de ser una estadística para convertirse en una preocupación cotidiana.
Uno de los sectores en los que esta presión resulta especialmente visible es la aviación; porque vuelan con costos más altos. El combustible representa una parte importante de los gastos operativos de las aerolíneas y sus aumentos pueden alterar rápidamente sus cuentas. Por ejemplo Delta Airlines, ya recortó su previsión de beneficios para el conjunto de 2026 debido a un incremento estimado de 6 000 millones de dólares en sus costos anuales de combustible y su nuevo pronóstico de beneficios por acción lo estima ahora entre 5,10 y 5,60 dólares, por debajo del rango previo de 6,50 a 7,50 dólares comunicado en Julio.
Ante un escenario como el que tenemos ahora; la Reserva Federal (FED) tiene una decisión difícil; porque su objetivo es llevar la inflación a su rango meta; pero combatir el incremento de los precios a través de tasas de interés más altas no deja de tener sus consecuencias, por citar: un crédito más costoso frena el consumo, la inversión de las empresas, como la compra de viviendas, dificulta el financiamiento de pequeñas empresas y debilita el empleo. Pero si decide bajar los tipos que hoy se encuentra en la horquilla de 3,75% y 4,0% es probable que la inflación seda y se acelere aún más. Pero ¿qué puede suceder en la reunión del 27 y 28 de octubre? Según plataformas como Polymarket, la probabilidad de que los tipos se queden igual ronda el 85% al 87%; mientras que mantiene abierta la puerta a que en la reunión de diciembre incremente la tasa de referencia.
Finalmente, ciertamente la inflación se mide en porcentajes, pero se siente en cada compra, en cada factura y en cada viaje que una familia va a pensar dos veces antes de pagar.