El mercado laboral de Estados Unidos se desaceleró en setiembre con una generación de empleo muy por debajo de las expectativas; así dan a conocer los datos publicados por la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS), en su informe del viernes 02 del presente mes; que dicho sea de paso mencionar, es el último informe antes de las elecciones de mitad del mandato a llevarse a cabo el 03 de noviembre. Éste es materia del presente. Una clara señal que no puede ser ignorada; así que le invito a que nos acompañe en esta corta travesía.
La creación de empleo en el mes de setiembre ha caído a su nivel más bajo en los últimos 16 años. Y tal es así que la economía de Estados Unidos ha recibido una contundente señal que los mercados, familias, individuos y el propio gobierno no puede pasar desapercibido, no puede ignorar; porque el mercado laboral es uno de los más importante en toda economía y por hoy está perdiendo velocidad. En septiembre se crearon apenas 29 000 empleos no agrícolas, una cifra muy inferior a los 84 000 puestos que esperaba el consenso. Al mismo tiempo, la tasa de desempleo aumentó del 4,1 % al 4,2 % (BLS). Además, se revisaron a la baja 60 000 empleos reportados en los meses de julio y agosto (Banco de la Reserva Federal de St. Louis). El dato que corresponde a agosto es de 162 000 puestos de trabajo a 133 000.
A simple vista o de manera somera, el movimiento del desempleo parece pequeño; el incremento en una décima porcentual de manera aislada o por sí sola no implica una crisis laboral. Pero el significado, yendo un poco a mayor profundidad; radica en la combinación de ambos indicadores: se está contratando menos y simultáneamente una mayor proporción de la fuerza laboral está quedando sin empleo.
En tal sentido, es conveniente ser cautelosos y prudentes para evitar una interpretación excesivamente pesimista. Y ahí vamos; el aumento del desempleo no se explica principalmente por una ola de despidos. La fuerza laboral creció en 485 000 personas durante septiembre y la participación laboral aumentó hasta el 61,8%. Es decir, parte del incremento del desempleo refleja que más estadounidenses están entrando o regresando al mercado de trabajo y todavía no encuentran empleo.
Nos preguntamos ¿Qué significa esto para la economía estadounidense?
En primer lugar, el mercado laboral está dejando de ser el motor extraordinariamente potente que fue durante la recuperación posterior a la pandemia del COVID 19. Menos contratación implica un crecimiento más moderado de los ingresos laborales futuros y, potencialmente, menor capacidad de los hogares para sostener el consumo, principal componente y dinamizador de la economía de Estados Unidos.
En segundo lugar, el dato modifica la disyuntiva de la Reserva Federal (FED). Un mercado laboral que se enfría reduce el riesgo de que los salarios y la demanda alimenten nuevas presiones inflacionarias. Por ello, un informe débil como este disminuye los argumentos para mantener una política monetaria excesivamente restrictiva. De hecho, las expectativas de los mercados apuntaron a una menor probabilidad de una subida de tipos en octubre como lo señala la cadena Reuters.
Pero aquí aparece la paradoja: un mercado laboral más débil puede ser una buena noticia para los tipos de interés y una mala noticia para la economía real. Si la Fed interpreta que el enfriamiento es suficiente para contener la inflación, podría evitar endurecer más las condiciones financieras. Sin embargo, si la desaceleración continúa, el banco central tendrá que preocuparse cada vez más por el empleo y el crecimiento.
Debemos señalar que por ahora el país del “Tío Sam” no está ante un escenario de recesión. Una tasa de desempleo del 4,2% sigue siendo relativamente baja y la participación laboral incluso mejoró. El informe describe mejor un mercado laboral que está perdiendo dinamismo que uno que se está desplomando; como enfatiza el Banco de la Reserva Federal de St. Louis.
La verdadera advertencia, por tanto, no está en la décima adicional de desempleo, sino en la tendencia. Si la creación de empleo permanece cerca de estos niveles durante varios meses, el riesgo cambiará de naturaleza: de un simple enfriamiento pasaría a una debilidad capaz de afectar el consumo, la inversión empresarial y, finalmente, el crecimiento.