Por Allan Appel
NEW HAVEN.- Perdonen la ingenuidad de este reportero, pero los antiguos egipcios en realidad escribieron mucho más que las inscripciones que aparecen en grandes pirámides y obeliscos. Para su escritura pública sobre piedra y monumentos, utilizaban escritura pictográfica, o jeroglíficos.
Pero para documentos comerciales, notas amistosas con consejos de padres, tíos o sobre la carrera, tarjetas deseando pronta recuperación y, a lo mejor hasta quizá para cartas de amor, escribían en papiro y en una escritura cursiva similar llamada hierática.
Uno de esos fragmentos, entre muchos en hierática que recientemente llegaron a New Haven, se literalmente se traduce como: “Que tu vida sea como vivir un millón de veces”.
Aunque eso pueda sonar como un chiste yidis, “Que vivas hasta los 120, cada año en un hospital diferente”, probablemente signifique algo más parecido a: “Espero que estés bien”.
Esa puerta que nos transporta al pasado hacia las emociones que sentían los antiguos egipcios y cómo las expresaban en cartas personales y documentos informales entre ellos, en otras palabras, el desarrollo de la escritura y la cultura de los escribas en el antiguo Egipto, es la temática de una fascinante exposición en una sola galería llamada Unfolding History. Acaba de inaugurarse en el Museo Peabody de Yale.
“Yo no soy Indiana Jones”, dijo Victoria Almansa-Villatoro durante una breve visita guiada el jueves por la mañana. Ella es profesora asistente de egiptología en Yale y curadora de la exposición.
“Soy más bien como una detective sabelotodo hurgando en la biblioteca”, añadió.
Ella es, pese a su modestia, una impresionante expositora de muestras de su minuciosa labor de recopilación, estudio y traducción de miles de pequeños fragmentos documentales del tamaño de un sello postal, escritos en papiro hace 4,300 años en Elefantina, una isla del Nilo en el extremo sur de Egipto.
En esta imagen de un escriba, se puede observar la pluma de repuesto que lleva en el pelo.
Los autores son quizá una familia de escribas que mantuvo todo reunido y escondido durante décadas, dijo Almansa-Villatoro.
En una sociedad en buena medida analfabeta, los escribas eran muy respetados, añadió. Existe una historia o sátira famosa, mencionada en la exposición, pero escrita unos 500 años después, llamada “Sátira de los oficios”. Su narrador intenta convencernos de que no hay mejor profesión que la de escriba. Contiene versos que comienzan así: “Haré que ames la escritura más que a tu madre. Haré que su perfección se presente ante tus ojos. Es, en verdad, el más grande de todos los oficios”.
Los fragmentos de la exposición vienen todos de la isla de Elefantina y fueron depositados por un intrépido periodista después de comprarlos, alrededor de 1890.
Fueron a parar a una gaveta en el Museo de Brooklyn, en la ciudad de Nueva York, y no fueron revisados hasta la llegada de Almansa-Villatoro.
“Muchas cosas tuvieron que salir bien para que los fragmentos se conservaran”, dijo Kailen Rogers, directora asociada de exposiciones del museo. De entrada, ayudó el clima cálido y seco del sur de Egipto, donde se conservan muchos más papiros que en el norte.
Y luego, añadió, tenía que aparecer alguien como Almansa-Villatoro, que se apoyara sobre el trabajo realizado en Brooklyn y entre el profesorado de egiptología de Yale. “Unfolding History destaca la manera en que realmente funciona la investigación: construyendo sobre el conocimiento existente y observando con atención, a menudo de una forma nueva”, agregó Rogers.
Aunque las galerías del segundo piso del Peabody dedicadas a la cultura egipcia y mesopotámica incluyen material sobre el desarrollo de la escritura, esta es realmente una primera exhibición de estos fragmentos de esta lejana región egipcia, así como una mirada íntima a un aspecto diferente y humanizador de la cultura egipcia antigua y de cómo se desarrolló la escritura.
Y es la primera vez que se exhiben, junto con las historias que cuentan, en algún lugar de América del Norte.
No son los dictados de los faraones ni la escritura más formalista asociada con los lugares monumentales cercanos a Guiza y las pirámides ni los centros de poder, dijo Almansa-Villatoro.
Ella cree que estas familias de escribas, o intérpretes, como ellos mismos se llaman, pudieron haber jugado un papel en la interpretación y/o la escritura relacionada con el reino de Nubia, en la frontera sur de Egipto, cerca de Elefantina. Y uno de los hallazgos más sorprendentes de su trabajo detectivesco es que la alfabetización parece haber florecido en este remoto rincón del reino, afirmó.
Fue especialmente conmovedor, añadió, encontrarse con los nombres de escribas (algunos pueden confirmarse o relacionarse con otras inscripciones conocidas) como Ib, Mereru y Wadji.
Al hablar brevemente sobre esos nombres, Almansa-Villatoro especuló que, en realidad, “Ib” ni siquiera sería el nombre completo de uno de los escribas.
Si ella logra encontrar otro fragmento que encaje donde termina la “b”, por ejemplo, ya que parece continuar en otra parte cuyo fragmento en hierático aún no se ha localizado, el nombre quizás podría tener más letras. Y es muy importante, tener los nombres correctos, agregó.
Esto se debe a que “para los egipcios el nombre y el título son aspectos muy importantes de la identidad. El nombre siempre aparece en estatuas y tumbas, porque querían que les recordaran. ¡Y aquí estoy yo restaurándolos! Es muy emocionante leer sus nombres por primera vez en miles de años”.
Y, puesta en contexto por la cerámica (en la que aparecieron los primeros signos que luego se convirtieron en sonidos y después en palabras), junto con pequeñas estatuas de escribas trabajando, sus herramientas y otros artefactos, la exposición también es adecuada para niños. Cuenta con funciones interactivas para que los alumnos aprendan cómo se fabrica el papiro y cómo se descifran los manuscritos antiguos, como si fuera un rompecabezas.
Almansa-Villatoro observó que “la escritura sigue evolucionando de maneras no lineales”. “Los emojis, al igual que los jeroglíficos, aprovechan el poder de las imágenes para comunicar”.
Puesto que Almansa-Villatoro es la única que trabaja en este proyecto que es tan extenso, supone un trabajo minucioso cada vez que consigue enlazar un fragmento con otro para formar una palabra o una frase. Por eso, lo que encabeza su lista de deseos es un informático especializado en egiptología, capacitado para detectar tendencias y reunir fragmentos similares de forma más eficaz.
Según Almansa-Villatoro, su “egiptólogo digital” probablemente no se basaría en las similitudes de la caligrafía, sino más bien en los característicos diseños fibrosos de los tallos de la planta de junco con la que se fabrican los papiros.
Eso haría avanzar mucho más rápido el aspecto de rompecabezas que el trabajo de una sola persona y ahorraría muchísimo tiempo en el trabajo la traducción.
La exposición estará abierta hasta finales de octubre.