Los politólogos suelen decir, cuando se les pregunta sobre un resultado electoral, que las elecciones no envían “mensajes” a nadie. Lo que vemos en unos comicios son millones de personas, cada una por separado, votando a sus candidaturas favoritas por motivos distintos y a veces un poco incomprensibles, y estas decisiones, en agregado, acaban por seleccionar a un puñado de políticos.
En el caso de las elecciones de medio mandato del 3 de noviembre, sin embargo, la cosa es un poco distinta: los votantes han vivido dos años de Trump y de trumpismo y han dicho que no de forma clara, ruidosa y contundente. Y lo han hecho con una energía y virulencia que incluso los demócratas más optimistas nunca se hubieran atrevido a decir en voz alta.
La lista de resultados francamente extraordinarios es muy, muy, muy larga. En un mapa electoral a priori muy favorable a los republicanos gracias al gerrymandering y un turno de senadores que se presentaban a la reelección en estados conservadores, los demócratas han ganado escaños en Texas, Ohio, Carolina del Sur o Iowa. La última vez que un candidato del partido había ganado unas elecciones al Senado en Kansas fue en 1932, cuando Franklin Delano Roosevelt alcanzó la presidencia por primera vez.
El único estado donde los demócratas han decepcionado ha sido (para variar) Florida. Pero el hecho de que en un lugar como Texas, donde Trump se impuso en 2024 por 14 puntos de diferencia, el GOP haya perdido esencialmente todas las elecciones relevantes, desde las de gobernador hasta las de comisario de agricultura o jueces del Tribunal Supremo, representa un cambio absolutamente colosal en el mapa político del país.
Se hablará mucho de las elecciones al Congreso, de cómo los demócratas han ganado escaños imposibles y de estrellas emergentes en el Senado, pero son precisamente estas elecciones estatales las que van a tener un impacto más inmediato y contundente en las vidas de millones de americanos.
Durante los próximos dos años, Donald Trump será un presidente sin apenas capacidad de maniobra, con un Congreso controlado por los demócratas. Veremos, probablemente, muchas peleas presupuestarias, leyes aprobadas y vetos presidenciales, así que de Washington no es que vaya a salir gran cosa. Pero en estados como Texas, Ohio, Nevada, Iowa, Kansas, Ohio o Georgia, donde los demócratas han ganado las elecciones a gobernador, podemos ver cambios enormes. Porque son los estados, y no Washington, los que tienen capacidad de decisión en cosas como vivienda, salud, mercado de trabajo, salarios mínimos, servicios sociales y decenas de programas que son increíblemente importantes.
Algo que nos lleva a Connecticut. A primera vista, este era un estado que ya estaba gobernado por los demócratas, y donde creo que hemos hecho un buen trabajo en muchos aspectos. Los votantes son de la misma opinión, al dar una victoria decisiva al gobernador Lamont para un tercer mandato. Pero no se han quedado aquí. Tras dos años de silencio cómplice del partido republicano sobre Trump y su programa político, las elecciones han reducido la que ya era una minoría exigua en el legislativo estatal a un contingente minúsculo de legisladores. En el Senado estatal, es posible que llegue a un punto en que el partido no tenga ni siquiera suficiente gente como para poder funcionar en el sistema de comités actual.
El mensaje de los votantes aquí (si podemos decir que hay uno, etcétera, etcétera) es, primero, que los republicanos deben renovarse o van a desaparecer por completo, por un lado, y que los demócratas tienen la autoridad, mayoría legislativa y poder en sus manos para hacer lo que prometieron durante esta campaña electoral.
El gobernador Ned Lamont ha hablado, estos últimos meses, de sacar adelante legislación para implementar el acceso a la salud universal en Connecticut. Es hora de hacerlo. Ha prometido revisar y actualizar cómo financiamos nuestras escuelas para hacerlo más justo. Es hora de hacerlo. Ha prometido construir más vivienda. Es hora de sacar eso adelante.
En contra de lo que dicen los tópicos, los políticos suelen hacer lo que prometen. Lamont tiene un largo historial de cumplir con su programa electoral durante sus años en el cargo. Esperamos que siga cumpliendo, porque queda mucho por hacer. Nuestra comunidad lo necesita.